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Original Message -----
From: Nancyzch@aol.com
To: aprendiendo@elistas.net
Sent: Thursday, January 08, 2004 12:43 AM
Subject: [aprendiendo] ¿Es posible aprender a ser
felices?
Hola
amig@s de aprendiendo, espero disfruten la lectura de
este artículo:
La Royal Society de Londres: fue sede de una conferencia
sobre el tema
¿Es posible aprender a ser felices?
Proponen
descartar la mirada hacia el estudio de qué nos causa
sufrimiento para investigar en cambio cómo vivir mejor.
La psicología positiva afirma que todos tenemos talento
para la felicidad. Otros indican cambiar esquemas de
pensamiento. Tener una familia optimista mejora el pronóstico.
LONDRES.-
¿Por qué algunos somos felices y otros,
simplemente, no?
La
pregunta, repetida hasta el infinito, es tan antigua
como la filosofía y las religiones. Y tan moderna como
los carismáticos alquimistas de la autoayuda y de la
New Age, que cosechan millones con sus recetas para ser
felices... mientras la respuesta se nos escapa entre los
dedos.
Ante
tantas decepciones, muchos británicos se restregaron
los ojos cuando vieron que la Royal Society, crema de la
investigación científica en el Reino Unido, anunció
hace unos días que estudiaría el secreto de la
felicidad.
La
augusta institución descartó cientos de propuestas
para otras conferencias (varias focalizadas en descubrir
qué nos hace sufrir), y cobijó entre sus nobles muros
tapizados de obras maestras un seminario de dos días
que llamó, sin vueltas, "la ciencia del
bienestar".
Hasta
el conservador diario The Times expresó su sorpresa y
calificó al encuentro como "una de las
conferencias más extrañas que la Royal Society, la
organización científica más prestigiosa de Gran Bretaña,
haya ofrecido en su historia".
Claro
que no cualquiera fue elegido como panelista: los más
prestigiosos científicos de la psicología, la
neurobiología y las ciencias sociales desplegaron sus
ideas y propuestas frente a un público hipnotizado que
desbordó las previsiones de los organizadores.
Frente
a la atenta mirada de Issac Newton (al óleo, claro) los
científicos hablaron sin pudores de este campo apenas
naciente de la ciencia: el que estudia qué nos hace
felices.
Mientras
un distinguido neurobiólogo mostraba un video de
mujeres que reían mientras se proyectaba una película
de Steve Martin, y un sociólogo exhibía estadísticas
de "países felices", el psicólogo Nick
Baylis, de la Universidad de Cambrigde, organizador de
la conferencia y único profesor de la llamada
"psicología positiva" en Gran Bretaña,
explicaba que "muchas corrientes filosóficas y
muchas religiones han estudiado el tema, pero la ciencia
lo ha ignorado".
"Si
alguien es feliz -advirtió Baylis- es más popular, más
saludable, vive más tiempo y es incluso más productivo
en el trabajo. Vale la pena, ¿no?"
Ciencia
de la felicidad
La
escuela de la psicología positiva ("positive
psychology"), a la que pertenece Baylis, cuenta
como máximo exponente al profesor Martin Seligman, de
la Universidad de Pennsylvania.
En
1998, Seligman dio impulso a la ciencia de la felicidad
con una conferencia en otro territorio difícil: la
Asociación Americana de Psicología (APA, por sus
siglas en inglés), a cuyos miembros reprochó estar
hurgando siempre las causas del sufrimiento, y no de lo
que nos pone contentos.
"¿Por
qué siempre estudiando a los deprimidos, y no a los que
están felices, para ver cómo hacen?", atacó en
su presentación. Era su discurso de asunción como
presidente de la APA, y podría haberle ido muy mal.
Pero le fue muy bien: juntó 30 millones de dólares
para seguir investigando.
Tras
mucho recorrer, Seligman, que dedicó 30 años al
estudio de las causas de la depresión y creó un
cuestionario para detectar nuestros "talentos"
para ser felices (www.authentichappiness.com), identificó
tres principales tipos de felicidad.
Al
primero, que seguramente los epicúreos descubrieron
bastante antes, lo llamó "la vida agradable"
(pleasant life): el bienestar que nos invade al
disfrutar de la comida, del sexo, de la bebida, e
incluso, de una buena película.
Seligman
critica este tipo de "felicidad", que él
identifica con el estilo de vida hollywoodense o las
campañas publicitarias, donde estelares figuras sonríen
ante cámaras y luego consumen pastillas para poder
dormir o para matar la angustia. "El efecto de esta
felicidad dura poco", advierte, como si hiciera
falta.
El
nombre del segundo tipo de felicidad parece brotado de
un clásico de Federico Fellini: "la buena
vida", lo llama Seligman.
Es
la felicidad que nace en cada uno cuando disfrutamos
haciendo algo en lo que somos buenos, o incluso
talentosos. Se trata de identificar esos dones y de
saberlos usar, explica.
En la
vida, todo vale
Pero
el estadio superior de la felicidad es otro: Seligman lo
llama la "vida con sentido" ("meaningful
life").
Es
la mejor felicidad porque es la que más dura, dice.
Se
trata de encontrar aquello en lo que realmente creemos y
de poner todas nuestras fuerzas a su servicio.
Las
obras de caridad, la militancia política, sonreír al
vecino, todo vale. Y gratifica.
Si
alcanzamos la "vida con sentido" y la
"buena vida", con algún toque de vida
placentera, podemos darnos por hechos, promete Seligman.
Otros
panelistas hablaron de las ventajas del optimismo o,
simplemente, de ver la mitad llena del vaso.
¿Los
pesimistas estamos perdidos?, se preocupó alguien.
Claro que no, respondió el profesor Richard
Davidson, del laboratorio de "neurociencia
afectiva" de la Universidad de Wisconsin-Madison.
Amigo y colaborador del Dalai Lama, Davidson dijo que se
puede "reprogramar" o entrenar el cerebro con
meditación para que la mente se focalice en lo
positivo.
Davidson
fue uno de los más escuchados en la Royal Society, y
también cosechó
algunos reproches. Como el de una madre que le recordó
que "el Dalai-Lama no tiene que acostar a sus
chicos de noche o lavar los platos".
Invertir
la causa depresiva
La
idea, según la psicología positiva, es invertir la
causa de la depresión, que por lo general nace de
"rumiar" incesantemente sobre un hecho
negativo del pasado.
En
lugar de preguntarnos todo el tiempo "¿qué
hice?" ¿cómo fui tan tonto?" y otras poco
estimulantes espoleadas, deberíamos recordarnos, día
tras día, lo positivo.
"Estoy
sano, salí a andar en bicicleta y no llovió", serían
algunas ideas para comenzar.
¿Así
que todo depende de nosotros? Claro que no, advierte,
para nuestro alivio, la doctora Bárbara Maughan, del
Instituto de Psiquiatría del King´s College London y
otra de las panelistas. Los genes también tienen su
responsabilidad, tanto como la forma en que nos criaron.
Después
de estudiar las vidas de 17.500 personas nacidas en
1958, Maughan llegó a la conclusión de que los más
felices son los que nacieron en medio de familias
optimistas, se llevaron bien con sus padres y supieron
planificar con tiempo su futuro.
"La
mayoría de los adultos felices no volaron del nido por
causas negativas", explica. Y asegura que los que
tienen una pareja con quien poder compartir sus
problemas la pasan mucho mejor.
Por
Gabriela Litre Para LA NACIÓN
http://www.lanacion.com.ar/03/12/06/sl_552051.asp
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