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Psicología

Psicología Social

Apuntes de Psicología Social

 

Apuntes de Psicología Social:
Nos conviene saber
 
(conformidad con el grupo, obediencia a la autoridad, rol y  comportamiento)

Decíamos que la psicología procura la mejora de la calidad de vida personal y social de todos y todas. 

Así como la psicología (sin adjetivos) estudia y ayuda a la persona individual, la psicología social estudia las interrelaciones interpersonales y se preocupa para que estas sean funcionales y positivas en el sentido de mejorar el bienestar de todos (y mejorando el de todos se mejora el de cada una/a). En este sentido puedes analizar en qué posición vital estás (y caso de que no estuvieses en la correcta, "tú y yo estamos bien y yo procuro que esto sea así", cambiar: Análisis de mi posición vital )

No tenemos que confundir la Psicología social con la Sociología. La sociología estudia el comportamiento de los grupos y las organizaciones, mientras que la psicología social estudia el comportamiento de la persona en el seno de los grupos y organizaciones, así como las interrelaciones que se establecen y la modificación, en un sentido positivo, tanto de los comportamientos como de estas interrelaciones.

Resultan muy sorprendentes algunos comportamientos de personas que votan a sus propios verdugos (cómo si padecieran el síndrome de Estocolmo). Como también la alienación colectiva, política o social de personas que hacen verdaderas barbaridades y pierden todo referente racional para seguir al "pensamiento único" y las consignas de conducta dictadas por este pensamiento único, por demenciales y criminales que sean.

La sorpresa que causaron estos comportamientos demenciales en los movimientos nazis de principios del siglo XX impulsaron el desarrollo de la psicología social: ¿Por qué somos capaces de estos comportamientos? ¿Qué tenemos que saber para poder ser y actuar como personas humanas, racionales y sociales y no como autómatas al servicio de intereses "superiores"? 

A pesar de este desarrollo de la psicología social estos comportamientos fascistas (autoritarios, agresivos y violentos) se siguen produciendo en el siglo XXI, muchas veces en ambas aceras del mismo camino. 

Sin embargo, en muchas ocasiones, las personas del grupo desconocen los mecanismos psicosociales, que desencadenan sus propios comportamientos, mientras que sí son conocidos por los dirigentes del grupo, con lo cual la manipulación de comportamientos sociales resulta mucho fácil.

Lo que importa es que todos conozcamos estos mecanismos para disfrutar de libertad de comportamiento (no hay responsabilidad sin libertad) y evitar, así, la propia alienación y utilización.

Conformidad con el grupo (Salomon Asch)

Maslow, psicólogo humanista, nos explica la escalera de necesidades humanas. Cada vez que tenemos cubiertas las necesidades de un nivel determinado (partiendo de las básicas vitales) tendemos a satisfacer las necesidades del nivel inmediato superior, hasta subir y cubrir toda la escalera de las necesidades psíquicas humanas.

Una vez cubiertas las necesidades fisiológicas, básicamente de alimentación e hidratación y relación física, y las de seguridad (entre otras, no vivir en la calle a merced de cualquiera imprevisto peligroso) la persona tiene la necesidad de estima, amor y pertenencia a grupo (somos animales sociales necesitados de afecto). Tanto que causa estupor el experimento de Salomon Asch:

 

¿Qué barra de las tres de la derecha es igual que la barra de muestra de la izquierda? 

Parece bastante evidente que es la numero 2. Pero, ¿qué dirías tú si estuvieses en a una sala de espera esperando por hacer una entrevista de contratación y en la misma habitación los empleados de la empresa lo estuviesen discutiendo y dijeran que es la numero 1? La mayoría de sujetos experimentales prefieren estar, conformes, de acuerdo con el grupo, y responden lo mismo: la numero 1.

¿Cómo crees que actúan los Ministros, Subsecretarios, Directores Generales y otros dirigentes de un gobierno que funciona autoritariamente según los designios y voluntades del presidente (único que, con una libreta azul, decide los nombramientos y ceses de los miembros del grupo)? "El que se mueve no sale en la fotografía".

¿Qué crees que pasa en estas organizaciones autoritarias caprichosas cuando un miembro del grupo se atreve a decir: "¿Pues qué queréis que os diga? A mí me parece que la barra igual es la numero 2" sino hay una parte importante del grupo que le diga: "Estoy de acuerdo contigo, efectivamente es la numero 2" ? Normalmente se aísla y se acosa psíquicamente al sincero hasta anular su influencia en el seno del grupo o hasta su exclusión del mismo, pudiéndole causar graves daños psíquicos de forma totalmente injusta y con responsabilidad penal, mientras el grupo se mantiene en la demencia de una organización que se basa en que la barra idéntica es la 1 (en que la Virgen María se llama Juana). El acoso psicológico o profesional por discrepancia con el jefe o grupo o por inseguridad del jefe o grupo, en inglés, se llama mobbing

Qué tenemos que hacer en caso de caer en una situación demencial de este tipo: En primer lugar nunca aceptar ser la víctima (seria igualmente demencial aceptar la demencia). Por cada vez que se recibe dar dos, y si no es posible reconducir el grupo a la racionalidad y a la justicia dejar al grupo y denunciar el hecho a los superiores de la empresa y, si fuera el caso necesario, a los tribunales ordinarios de justicia penal. Necesitamos que las organizaciones del sistema social sean organizaciones sanas.

Obediencia a la autoridad (Stanley Milgram) 

Más escalofriante que el anterior resulta este experimento de Stanley Milgram. Esta necesidad de no ser rechazado por el grupo nos hace obedecer a la autoridad del mismo hasta extremos inhumanos y sádicos. Basta ver el comportamiento de algunos soldados israelíes hacia niños palestinos, o el tratamiento de los guardas de Guantánamo a los prisioneros supuestamente Talibanes. O, sin ir tan lejos, el sadismo violento con que algunos de los policías de aquí reprimen manifestaciones pacíficas en favor del Medio ambiente o de la Justicia Social.

El experimento de Milgram consistía en que el sujeto experimental, de acuerdo con las "normas" recibidas de la autoridad del laboratorio, tenía que "castigar" mediante una descarga eléctrica los errores que hiciera un segundo sujeto supuestamente experimental (en realidad un confabulado para poder hacer el primer experimento) en un experimento para analizar su memoria. El primer sujeto, a los mandos de una máquina de castigo conductual, había de aplicar una descarga eléctrica al segundo sujeto cada vez que éste se equivocara en su respuesta. Estas descargas serian de un voltaje creciente a cada error e iban desde unos pocos voltios hasta unas descargas potencialmente mortales. Todos los sujetos experimentales (los que debían castigar) aceptaron su tarea e iban incrementando el potencial de la descarga a cada error del "confabulado" a quien veían a través de una ventana que era espejo al otro lado (confabulado que, realmente, no recibía ningún descarga, pero que hacía una importante comedia de dolor a cada una supuesta), un porcentaje importante llegó a "dar" descargas potencialmente muy graves y ni uno, cuando abandonaba el experimento, fue a socorrer al sujeto castigado.

Desde hace mucho tiempo los psicólogos conductuales y los pedagogos sabemos que los castigos no sirven absolutamente para nada y, en un porcentaje muy elevado, consiguen el efecto contrario al pretendido (ya que los sujetos incapaces de destacar positivamente "buscan" destacar de alguna manera, aunque esta manera suponga un castigo). Lo que es efectivo, para corregir un problema conductual es el razonamiento, el convencimiento, el refuerzo humanista al sujeto y el refuerzo del comportamiento alternativo deseado.

En estos tiempos, tanto en organizaciones políticas supranacionales como en organizaciones educativas hay una proliferación de castigos contraproducentes. O bien la autoridad que los propugna es ignorante (desconoce el efecto contrario al pretendido que produce su comportamiento) o bien es mala (pretende unos objetivos totalmente distintos de los que dice pretender y por los que teóricamente aplica los castigos). 

Como dice Philip Zimbardo (probablemente extraído de otro autor) "En la historia de la humanidad se han cometido muchas más barbaridades y atrocidades en aras de la obediencia que en aras de la rebelión". 

Rol y comportamiento (Philip Zimbardo y otros)

Pero que hace que nos comportamos de estos modos tan irracionales (no somos el único animal racional?) y antisociales (no somos sociales por naturaleza?)? Es la naturaleza humana de quienes lo hacen? Es una cuestión genética que determina a las personas autoritarias, sádicas, sumisas, mentirosas,..., determinación de la que no se podrán liberar?

El experimento de Zimbardo demuestra que no. Todos podemos actuar desde la demencia autoritaria, antisocial, injusta y sádica o desde la responsabilidad humana y social e, incluso desde la sumisión y autoanulación extremas. Todo es cuestión del "bando" dónde nos coja "la guerra". Muchas veces, prácticamente siempre, policía y delincuencia son dos caras de la misma moneda y unos y otros podrían estar en la otra cara si las circunstancias así lo hubieran ocasionado. "Yo soy yo y mis circunstancias", y lo mismo podríamos decir del verdugo y la víctima, o de los miembros de dos grupos confrontados. Lo que nos interesa aquí es tomar conciencia del hecho y evitar ser esclavo de nuestras circunstancias y procurar ser, más bien, el conductor libre de las mismas.

Philip Zimbardo y sus colaboradores hicieron el experimento del rol del prisionero y el carcelero: trabajaron con un grupo de estudiantes universitarios americanos. De forma aleatoria seleccionaron un grupo que tenía que hacer de prisioneros de una prisión y otro que tenía que representar el rol de los guardas. Empezaron el experimento, que tenía que durar tres semanas, en una prisión antigua que ya no se utilizaba como tal. Inmediatamente los guardas, que utilizaban uniforme, se revistieron de símbolos agresivos (botas altas, cinturones gruesos con gordas hebillas metálicas, distintivos, grandes gafas de sol negras,... y desarrollaron actitudes autoritarias, caprichosas, humillantes y agresivas hacia sus compañeros que representaban el papel de presos. Estos, por el contrario desarrollaron una caída radical de su autoestima, depresión y muchos síntomas psicosomáticos. La cosa se puso tan mal que Zimbardo y colaboradores tuvieron que suspender el experimento antes de ccumplirse la primera semana de las tres previstas. Pasados muchos años, cuando aquellos estudiantes ya eran personas maduras, la mayoría padres de familia, les citaron nuevamente: Tanto unos como otros mantenían todavía secuelas de comportamiento y psíquicas del rol de aquella experiencia.

La comunidad psicológica internacional ha prohibido que se hagan experimentos de estos tipos. El problema es que en nuestro mundo vivo, cotidianamente, miles de realidades no son experimentos, sino realidad pura y dura, agresiva, humillante, anulante,...

Lo que importa es conocer estos mecanismos psicológicos sociales para no caer en sus trampas ni como víctima de las mismas ni como verdugo irracional, para no entresacar a nuestros dirigentes que utilizan estas estrategias y para denunciar, dónde corresponda, los casos que conozcamos.

En unos próximos apuntes de Psicología Social me gustaría hablar de los estilos de liderazgo (autoritario, liberal y democrático) y sus efectos sociales de K. Lewin, el efecto positivo de la comunicación de T. Moriarty y la mejora del rendimiento cuándo podemos intervenir en las decisiones de Helen Langer.

Antoni Ramis Caldentey
Octubre de 2002
Traducción castellana: Enero de 2004

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