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From: Jose Manuel 
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Monday, January 27, 2003 9:22 AM
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[Top-Secret] Al Señor Nuncio en Venezuela Mons. André Dupuy

 

Al Señor Nuncio en Venezuela

Mons. André Dupuy

 

 

Mons. Anda

Estimado Monseñor:

 

Soy un religioso italiano de la Congregación de los “Hermanos del Evangelio” del P. de Foucauld que, junto con los hermanos de esta fraternidad, vivo en una zona campesina del Estado Lara; cerca de Sanare, desde hace 27 años.

 

Me estoy dirigiendo a usted para hacerle llegar algunas graves inquietudes que siento, viviendo desde tantos años acá y compartiendo la vida y la situación de los pobres del campo.

Es claro que el país está pasando por una situación extremadamente difícil y seria, la de un grave enfrentamiento entre dos partes de la población: una rica y con muchos privilegiados, la otra pobre y con muchas necesidades y marginaciones.

Quisiera con toda humildad y confianza hacerle llegar el punto de vista de los pobres de esta zona, en esta situación y de los que nos sentimos comprometidos con su causa, siguiendo la opción de la iglesia "preferencial. aunque no exclusiva para los pobres".

La gente pobre en general, se siente identificada con el proyecto del Presidente de la República, que valora a los pobres, los escucha, favorece su participación, favoreció y animó la elaboración de una Constitución, que recogió el aporte del pueblo (y que me parece una de las más democrática y participativa del mundo), promulgó unas Leyes de Tierra, de Pescas. de Cooperativas, de Hidrocarburos que favorecen a los pobres y ala justicia, sin por otra parte causar demasiados daños a los ricos, ha realizado diversas obras de carácter social, critica al neo-liberalismo injusto que existe en el mundo. De verdad no es concebible, por ejemplo que, 447 multimillonarios (o menos según otros) tengan mayores ingresos que el 45% de la población mundial (según el PNUD) o que 230 millones de personas tengan ingresos 60 veces más altos que 4.620 millones de habitantes; que 200 personas más ricas tienen 10 veces más que 43 países pobres; que en el mundo mueran anualmente por hambre, casi 50 millones de personas, datos que usted seguramente conoce muy bien.

Es justo, es cristiano, luchar contra estas injusticias y tratar de poner remedio. Pero es lógico que esto no se puede hacer adecuadamente sin tocar los enormes privilegios de las clases pudientes.

En Venezuela, estas clases gozaron de grandes ventajas los gobiernos anteriores gobernaban para ellos (como por ejemplo: "Borrón y cuentas nuevas" de Carlos Andrés Pérez, "Dólar preferencial"  para las deudas al extranjero que tenían los ricos al tiempo de Luis Herrera, evasión de los impuestos de muchos ricos, leyes muy favorables a los pudientes o sin efecto en el caso contrario etc. etc.)

Es actualmente evidente que las medidas que receta el neoliberalismo a través del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional, son desastrosas para los países pobres, lo prueba la gravísima crisis de Argentina, su fiel ejecutora y de la mayoría de los países Latinoamericanos. Personalmente, no me parece que se pueda quedar neutral frente a un proyecto que tiende a favorecer a los pobres, a hacerlos participar más o a un proyecto que tiende a perpetuar los privilegios de los ricos o a fortalecerlos, privatizando, marginando más...!

 

Pero lo que me preocupa mucho en todo esto, es la posición de la jerarquía en general, sobre todo el Cardenal y Mons. Porras, están de parte de los ricos, de las clases altas y ven las cosas desde el punto de vista de ellos. Es algo increíble que el Cardenal haya firmado el Acta del Golpe de Estado, donde asumieron sin ser elegidos por nadie, nuevas autoridades que eliminaron a todas las legítimas instituciones y la misma constitución. Durante la tragedia de Vargas el mismo Cardenal había afirmado; ¡que ese era un castigo de Dios por algunas palabras del presidente! Palabras que manifiestan una visión teológica muy deficiente con todo el respeto por el Señor Cardenal.

 

Para mi manera de ver, la Iglesia en este momento tendría que cumplir una función pacificadora y profética, pero mirando las cosas desde los pobres: Porque esta es la visión del Evangelio, lo que aparece claramente en el Magníficat, en las Bienaventuranzas, sobre todo en Lucas, en el cap. 25 de Mateo, en el episodio del joven rico, en la parábola de Lázaro, en la Carta de Santiago etc. etc.

Esto es también claramente afirmado en los Documentos de la Iglesia Latinoamericana en Medellín, Puebla y Santo Domingo.

Se dice por ejemplo en Santo Domingo: "Revisar actitudes y comportamientos personales y comunitarios, así como las estructuras y métodos pastorales, a fin de que no alejen a los pobres sino que propicien la cercanía y el compartir con ellos. Promover la participación social ante el estado reclamando leyes que defiendan los derechos de los pobres (N° 180) y más adelante " Urgir respuestas de los Estados a las difíciles situaciones agravadas por el modelo económico neo-liberal, que afecta particularmente a los pobres.

Entonces si un gobierno trata de hacer esto, que la Iglesia tendría que reclamar habría que apoyarlo proféticamente en esto y no solidarizarse con los ricos que no lo aceptan.

Considero que la iglesia tiene que mantener una actitud profética y evangélica: no identificarse con ningún partido o gobierno o grupo, mantenerse siempre libre y pronta a cuestionar las injusticias donde quiera que se encuentren, al mismo tiempo para llegar a esta libertad, asumir siempre más la pobreza evangélica que Jesús vivió y recomendó en especial a los apóstoles y compartir más la vida de los pobres.

Se lee en los Documentos de Medellín: "Pobreza de la Iglesia" N° 12 " Deseamos que nuestra habitación y estilo de vida sean modestos; nuestro vestir sencillo; nuestras obras e instituciones, funcionales, sin aparato ni ostentación. Pedimos a sacerdotes y fieles que nos den un tratamiento que convenga a nuestra misión de padres y pastores, pues debemos renunciar a títulos honoríficos propios de otra época". Y también: " La pobreza de la iglesia y de sus miembros en América Latina debe ser signo y compromiso. Signo del valor inestimable del pobre a los ojos de Dios; compromiso de solidaridad con los que sufren" (ídem N° 7) y se dice: "... no faltan casos en que los pobres sienten que sus obispos o sus párrocos y religiosos, no se identifican realmente con ellos, con sus problemas y angustias". Esto es justamente lo que están sintiendo los pobres en Venezuela; y desde mucho tiempo, evidentemente sin generalizar, pero en gran parte.

Es cierto que el gobierno sacó subsidios que daba a algunos miembros de la Iglesia y algunas instituciones de la misma, en la situación de crisis que se vive en América Latina, pero esto me parece que tendría que alegrarnos, porque obliga a tomar más en serio la pobreza que la iglesia debe vivir. Por otra parte instituciones como Fe y Alegría, que se dedica a la educación de los pobres, reciben los subsidios del Estado. Hay que subsidiar a los pobres, no se puede, menos en las crisis subsidiar a los ricos.

Hay que reconocer, por otra parte, que instituciones como por ejemplo la Universidad Católica, está reservada por el alto costo de los estudios a una élite de ricos, los pobres no pueden ni asomarse, tampoco la gente que sale formada por la misma, demuestra en general una gran pasión por los pobres, por el servicio a los más despreciados, por la lucha a favor de una verdadera justicia como grita el Evangelio y la Iglesia.

Me atrevería a decir que se nota más coherencia con la visión del Evangelio, con los mencionados Documentos de la Iglesia y con la expectativa de los pobres en ciertas acciones o declaraciones del Presidente, que en ciertas posturas o declaraciones de algunos obispos o curas.

Me decía una religiosa que en un curso de teología, un presbítero profesor había dicho que la única solución en esta situación era matar al presidente y frente a la observación de la hermana que esto no era una postura evangélica, la botó de la clase.

 

Con esto tampoco, quiero canonizar al Presidente o al gobierno, ya dije que los miembros de la iglesia tenemos que ser libres y mantener una actitud profética. Es cierto que hay límites, imperfecciones, errores, también por él, sobre todo en el pasado, como por ejemplo violencia verbal, más que de hechos, a veces falta de prudencia y gradualidad en los cambios, en el pasado, a veces poca disposición par el diálogo antes del 11 de abril y que también hay gente fanática en los que apoyan, todo esto es claro.

Pero no puedo evitar de reconocer que el Proyecto del Gobierno corresponde mucho más a lo que pide la Iglesia que lo que busca la oposición, con mayor violencia, irrespeto a la democracia, medios mucho más maquiavélicos y en general desprecio hacia los problemas de los pobres. Con el apoyo de los horrorosos medios de comunicación, De aquí que deforman totalmente la realidad, a parte los programas destructivos de la moralidad y de la familia, de los valores, que constantemente la televisión presenta.

Otro grande rechazo de la oposición está contra los médicos cubanos que están en el país. Aquí en nuestra zona hay un médico y un odontólogo cubanos. Puedo dar testimonio que su actitud es muy favorable a los pobres, están en lugares donde los médicos venezolanos no quieren ir, son muy respetuosos con la cultura y la fe de la gente, a veces se acercan a los actos de culto con interés; no hacen ninguna clase de propaganda política y conocen bien su profesión con dedicación ejemplar. El odontólogo hasta logró hacer construir por la Cooperativa de acá una silla odontológica que está permitiendo la atención a más gente pobre. Cuando se dio el golpe, se quería botar a todos estos médicos sin preocuparse de las necesidades de los pobres sin consultarlos. Es claro: los ricos tienen sus clínicas, supercaras, sus médicos personales, que ellos pueden pagar: ¿Y los pobres?

En este momento me llega una información según la cual Mons. Porras hubiera invitado (en nombre del pueblo cristiano) al presidente a dar las dimisiones y el cardenal en una celebración para los muertos de Altamira (que se atribuyeron al gobierno contra toda lógica y evidencia) hubiese animado a la oposición a seguir en su protesta.

Otra vez los pobres no se sienten tomados en cuenta y respetados.

Me llegó otra información por parte de una organización que se llama "Queremos paz", que yo no conozco. Hace un análisis político y entre otras cosas dice: "El Cardenal y el obispo Porras reciben un rotundo rechazo entre el mayoritario pueblo católico, que no los considera representativos de la iglesia... Sobre los otros obispos pesa una percepción menos negativa aunque se les percibe como pusilámines, miedosos y demasiado atados a la búsqueda de privilegios".

Esto me hace recordar lo que hace 25 ó 26 años me decía el antiguo arzobispo de Barquisimeto Mons. Críspulo Benítez Fouturvel: "Nosotros obispos venezolanos tenemos miedo de defender la justicia, los pobres, como hace por ejemplo el episcopado de Brasil".

 

Esto me hace sufrir porque noto como la jerarquía de la Iglesia de Venezuela está quedando separada de los pobres, no toma en cuenta su sentir, se deja mentalizar e influenciar por la clase rica y media. No por mala voluntad. creo yo, ni por falta de generosidad, sino porque no hay suficiente compartir de la vida de los pobres.

 

Veo que la fe misma puede estar en peligro, porque los pobres notan contradicción entre la postura de estos obispos y el Evangelio. ¿No será que todo esto contribuirá a alejar de la Iglesia Católica y hará aumentar las recluctas de algún grupo protestante?

 

Creo, Monseñor, que es urgente una vuelta al puro Evangelio, a un auténtico seguimiento de Jesús, despojándose de todo lo que Jesús se despojó, Él que "de rico se hizo pobre, no buscando privilegios, ni riquezas ni poder; acercándose más a los pobres, compartiendo su vida lo más posible, sintiendo sus problemas, sus inquietudes, sus esperanzas.

Es claro que la opción por los pobres no es exclusiva, ni excluyente, los ricos también son hermanos e hijos de Dios y necesitan nuestro amor y nuestra evangelización, pero hay que ver las cosas más desde los pobres, porque desde los pobres las vio Jesús, que se hizo uno de ellos. Porque si los ricos no descubren de verdad, no sólo a palabras, a los pobres no pueden entran en el Reino. Ignorar la realidad de los pobres, decía muy bien Juan Pablo II en la Encíclica: " Sollicitudo rei socialis": significaría parecernos al "rico epulón "que fingía no conocer al mendigo Lázaro postrado a su puerta" (N° 42); la misma Encíclica insiste mucho sobre la "grave hipoteca social" que pesa sobre la propiedad privada, vista la doctrina del destino universal de los bienes, invita a los ricos a compartir con los pobres lo que poseen y afirma que la iglesia "en virtud de su compromiso Evangélico, se siente llamada a estar junto a estas multitudes pobres, a discernir la justicia de sus reclamaciones y a ayudar a hacerla realidad" (N° 39).

Me parece, por ejemplo, que la "Ley de Tierra" cumple con estos requisitos, respeta la propiedad privada, como dice la Encíclica, pero exige la función social de la propiedad y no acepta un latifundio improductivo, cuando al país no tiene suficiente producción de alimentos y hay muchos campesinos sin tierra.

Pero no tengo conocimiento de ninguna manifestación de aprobación por parte de la iglesia jerárquica local, frente a esta ley, y ésta es una de las que motiva el rechazo de los ricos.

Me he permitido, Monseñor, manifestarle con toda confianza lo que siento a partir de estar viviendo tantos años con los pobres, haciendo un esfuerzo, como decía Mons. Angelelli, de tener " una oreja al pueblo y la otra al Evangelio".

Me hace sufrir el sentido de impotencia que expresan muchas veces los pobres y que con el tiempo pudiera explotar en violencia incontenible; me hace sufrir la actitud por parte de la jerarquía que parece lejana del mundo de los pobres, me hace sufrir también la lejanía que noto del ejemplo y las enseñanzas de Jesús sobre todo esto; me hace sufrir que la jerarquía se deje influenciar tanto por los ricos, en lugar de cuestionarlos y evangelizarlos con suficiente energía sobre su egoísmo y su prepotencia. Por otra parte, me parece, que en Venezuela se está gestando un proceso, con sus límites, como es normal, cuyos síntomas se ven también en otras partes del mundo: Brasil, Ecuador, Bolivia, Argentina y muchos movimientos europeos anti‑globalización. Es importante que la iglesia esté atenta a estos movimientos, los acompañe, se sienta feliz cuando asoman muchos elementos que aparecen en los mismos Documentos Eclesiásticos. Si no lo hace, no sólo no cumple con su misión hacia los pobres y los ricos, no sólo no es coherente con sus mismos documentos, sino que si esto, prevalecieran, correrá el riesgo que asuman una postura anticlerical, como pasó en otros momentos de la historia.

Algunos amigos, me decían, Monseñor, que usted tiene una visión clara, que es una persona muy inteligente, muy sencilla, muy prudente. Al mismo tiempo, ¿no representa usted al Pastor, sucesor de Pedro, que tiene que asumir por amor a Cristo el servicio y la guía que él ofrece a la iglesia, el mismo que no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida para los otros?

Así que, con toda confianza filial me dirijo a usted con la preocupación de hacerle llegar el punto de vista de la mayoría de los pobres, sobre el problema que estamos viviendo y mi personal visión sobre los hechos.

Es claro que someto humildemente todo esto a su consideración y me permito invitarlo a visitarnos para conocer nuestra fraternidad aquí en el campo y escuchar, si lo desea, directamente lo que piensan los campesinos de acá.

Recomendándome a sus oraciones, lo saludo a usted muy respetuosamente y le envío augurios de una Feliz Navidad a la luz del Niño que nació marginado, pobre y perseguido en Belén.

 

Bojó, Sanare 12-12-2002

Mario Grippo.

 

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