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Sociedad

Evocando la vida de Micaela Caldentey Villalonga, rscj

  Ya no tengo FE porque veo; y más que ESPERANZA tengo seguridad; AMOR, aun me falta un poco.”

Estas fueron las palabras de la ultima conversación  que tuvimos con Micaela el miércoles 21 de agosto.  Para nosotras han quedado marcadas bien dentro, nos llenaron de paz en aquellos momentos del 23 de agosto del 2002 en que sentíamos que se nos iba de nuestro lado, y nos hablan de cómo sentía la cercanía de ese Dios, con quien había vivido y que la estaba esperando con impaciencia.  

Micaela nació en Palma de Mallorca el 2 de junio de 1915. Hija mayor de una familia de 5 hermanos, con quienes estuvo muy unidad. Sentía  y hablaba con admiración de su padre, militar fiel a su ideal de patria, comprensivo con sus hijos y cercano a sus problemas; de su madre: la perfecta ama de casa, cariñosa mama y esposa fiel.  Tenia miles de anécdotas agradables de su familia que recordaba y contaba con gusto. Hasta el final de su vida,  mantuvo una correspondencia fluida con ellos, en especial con su sobrino Toni, con quien, a través del emeil compartía sus vivencias, se interesaba por cada uno de su gran familia. En los últimos tiempos le enviaba noticias del acontecer político de Venezuela: “ para que Toni, que es tan inteligente y recto, pueda comprender mejor lo que estamos viviendo”, nos decía.

Entró en el Noviciado de Chamartin, en Madrid el 7 de mayo de 1943. El 22 de noviembre de 1945 hizo los Primeros Votos y en Godella-España, completo su licenciatura en Filosofía y Letras. Con mucha dedicación se entrego a su vocación de educadora en Valencia, Bilbao, San Sebastián, hasta su llegada a Roma, para la Probación con la Rvda. Madre Zurstrassen, haciendo su Profesión el 31 de julio de 1951, recibiendo como nombre : “ Tengo sed”, con la divisa : “ Que ellas se llenen de un deseo ardiente de ganarle todos los corazones” (sumario XV).

Después de tres felices años en Godella, el 8 de agosto de 1954 llego a Cuba, estimulada en su vocación misionera por “ese deseo ardiente”, que invadió su corazón a lo largo de toda su vida. Su estadía en la patria de Marti fue corta, pues el 4 de junio de 1958 la recibía la Provincia de Puerto Rico hasta el año 1971. Tenemos pocos detalles de esos años, pero sabemos que en Borinquen fue muy feliz, pues guardaba muy buenos recuerdos. Como siempre su entrega llena de amor a las niñas, en especial como vigilante de medianas y a través de sus interesantes clases, le dieron la oportunidad de sentirse colaborando con ese Jesús a quien seguía con tanto cariño.

Venezuela iba a ser el testigo privilegiado de sus últimos  30 años de vida:

El Hatillo,  Sabana de Mendoza, El Calvario, Coche, Tunapuy y Jusepín . Siempre contenta con lo que la vida le iba deparando, entregaba creativamente lo mejor de sí a todos y en todo donde podía prestar un servicio: en la Escuela del Cerro, en el Ancianato, con el tejido, en la catequesis, con las innumerables visitas cariñosas... Servir era para ella como una segunda naturaleza. Con sus hermanas de la Comunidad compartía con sencillez y profundidad lo más precioso de su espiritualidad; su  comprensión inquebrantable le hacia fiarse siempre de cada una y apoyar todo lo que vivían. En las Asambleas Provinciales acentuaba y cuidaba su participación: hasta el final se mantuvo presente y activa, poniendo su criterio evangélico “ al servicio de los mas necesitados”.

Mantuvo siempre una gran fidelidad a la amistad, sobre todo con las hermanas con las que participo en el Reciclage , momento muy significativo y de apreciada renovación en su larga y fecunda vida. Hasta unos días antes de su muerte, recibió cartas de ellas que guardaba para responder. Una de ellas: Florencia de la Serna escribe desde Argentina: “Acabo de volver de la celebración de la Eucaristía, al comienzo oí que Micaela había celebrado su pascua y sentí hondamente su partida. El corto tiempo que viví en Venezuela, me permitió poder compartir con ella y apreciar su espiritualidad, su amistad fue para mí, un regalo mas de los que Dios me ha hecho en mi vida. Cuando llegue al Hatillo ella estaba encargada de las medianas a quienes acompañaba con cariño y comprensión. Su corazón, sin embargo, fuertemente atraído por el Corazón de Cristo, no podía permanecer insensible ante sus preferencias:

“ los pobres”, a los que dedicó su vida hasta el final.

Uno de los momentos más profundos en los que compartíamos los sentimientos, actitudes y preferencias de Jesús fue cuando después de la cena, nos reuníamos un grupo a preparar juntas la oración, ahí Micaela volcaba todos los tesoros de vida y entrega que encerraba su corazón.

La fidelidad de su amistad ha permanecido a pesar de que ya han pasado treinta años. Sus cartas traslucían la profundidad de su amistad, eran una comunicación de los dones que encerraba su personalidad tan humilde como sencilla, también traslucía su amor por la Sociedad y el delicado cariño por su familia y por su tierra: Mallorca.”

A Micaela, tan querida por todas, encomendamos el crecimiento de nuestra pequeña Provincia de Venezuela, en estos momentos tan difíciles, pero tan palpitantes del País. A ella, tan amante de la naturaleza, que sabia leer y descubrir el paso del Amor de Dios en la semilla que crece escondida; su cuidado maternal en los brotes germinales; el deseo de comunidad trinitaria en los manojos de flores que surgen de la misma rama y estamos seguras de su presencia diferente, pero real acompañándonos. 

María Mercedes
Diciembre 2002

 

 



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