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EDUCACIÓN
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internos y externos
Feliciano Robles
Libros
en peligro
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Original Message -----
From: pablo
combin
To: Muchos
Sent: Tuesday, November 05, 2002 3:34 AM
Subject: Biblioteca escolar
Queridos Amigos de los libros: me alegra saber que existe gente como
ustedes que defienden los libros y las bibliotecas escolares. Les cuento
que aquí la cosa pasa por algo peor: fui testigo del trato que tienen
los libros por parte de algunas maestras argentinas. En mas de 20 años
de compartir con ellas he visto utilizar valiosísimas obras para que
los chicos recorten palabras o imágenes para que peguen en sus
cuadernos, pero lo mas corrupto lo he visto hoy: en marzo fue donada una
camionada de libros para concretar una biblioteca en una escuela, hoy,
¡NOVIEMBRE! los mismos libros fueron vendidos como papeles viejos para
comprar cortinas!!!!!!! sin palabras. No imaginan todo lo que sentí por
esos seres que les interesa mas un pedazo de trapo que la educación de
los chicos, odio, indignación, impotencia, tolerancia, en fin,
todo....Mientras hay escuelas que piden por favor que les donen libros
algunas se dan el gusto (por el odio que le tienen a los chicos y a los
libros en si) de hacer lo que hicieron hoy. luchen por las bibliotecas
escolares y jamás bajen los brazos y cuenten conmigo para lo que sea
necesario.
Por favor enviar sus comentarios, los necesito.
CURSO:
“Educar par la
acción y el compromiso social”
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Original Message -----
From: "Feliciano Robles" <srobles@SUPERCABLE.ES>
To:
Sent: Monday, November 04, 2002 9:05 PM
Subject: CURSILLISTA
Hola
amigas y amigos: Hoy lunes he empezado la realización de un curso de 30
horas titulado "Educar par la acción y el compromiso social"
organizado por la ONG, Intermonoxfam. www.intermonOxfam.org
La
verdad es que me lo he pasado muy bien en la primera sesión, somos 17
personas, 14 mujeres y tres varones y yo soy el mayor de todos y les he
dicho que iba a ser una especie de periodista, y que las cosas
más importantes que se digan en ese curso las voy a
difundir por Internet para llegar a la conciencia de muchas
personas y sepan encontrar una gran motivación en ejercer la
docencia como acto solidario extremo, ya que la sociedad necesita con
urgencia la participación activa de docentes solidarios en todo el
planeta para poder combatir con eficacia la desigualdad y la injusticia
tan grande que hay en el mundo donde un 6% de la población, todos ellos
de USA poseen el 59% de la riqueza mientras el 94% restante tiene que
apañarse con un 41%.
Hay
datos y más datos que avalan esta situación que nos está llevando a
un abismo y a una situación explosiva donde las mayores inversiones por
parte de los ciudadanos es adquirir más y más medios de
seguridad en forma de armas, policías , artefactos de control y
seguridad, etc.
El
curso ha empezado con algunas píldoras interesantes: Por ejemplo:
Los mejores educados del planeta no han sido capaces de erradicar
las guerras, las armas ni el hambre de este mundo".
Otra
frase sacada de El Principito dice: " No se ve bien con los
ojos, no, solo se ve bien lo importante con el corazón".
Otra
frase: Hay que saber mirar para poder ver: Que ves, que miras, desde
donde.
Finalmente a la Educación para el Desarrollo lo define así: Es una
opción pedagógica integral desde una visión del mundo, una
cosmovisión en la que la solidaridad internacional y la justicia
constituyen un eje transversal para conseguir un verdadero desarrollo
humano, que es el paso para que todos pasen de unas condiciones de
vida menos humanas a condiciones de vida humanas.
Seguiré
informando. Un saludo. Feliciano
Segunda
sesión
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Original Message -----
From: "Feliciano Robles" <srobles@SUPERCABLE.ES>
To:
Sent: Wednesday, November 06, 2002 6:02 AM
Subject: [PSICOEDUC] CURSILLISTAS (ii)
Hola amigas y amigos: Hoy he asistido a la segunda sesión del
Curso " Educar para la acción social y el compromiso social"
y la verdad es que ha estado muy bien, por varias razones:
La preparación técnica del curso, usando las modernas
tecnologías de presentación de información de forma
impactante y clara, con procedimientos informáticos.
La
actitud del grupo de participantes, no es de esos cursos donde va la
gente a buscar el certificado de asistencia y poco más. Aquí
somos pocos pero concienciados, primera condición necesaria para ser
educador social.
Los
contenidos que nos han dado a conocer hoy, son bastante clarificadores
para hacerse una idea de como está la situación real de la llamada
solidaridad consumista y del tratamiento que se hace de la información
disponible.
Referente
a la SOLIDARIDAD consumista hemos leido y analizado un texto del
profesor de Ética, José Luis Aranguren donde de forma clarividente
hace un análisis de las diversas formas que afronta la Solidaridad en
el mundo desarrollado.
De
una parte se aborda la solidaridad de la necesidad, desde un punto de
vista egoísta, se dice " hay que ayudar a los países pobres para
que no vengan a jodernos en pateras o en camiones a la plácida y
rica Europa. Esta solidaridad la ejercen los Gobiernos, y se hace a los
gobiernos receptores de la ayuda más dependientes de los gobiernos que
dan la ayuda. La palabra clave es responsabilidad
De
otra parte la solidaridad como espectáculo, a trasvés de
diversos festivales, es ocasional, tiende a paliar una desgracia,
y es un modelo de ética postmoderna, indolora y neoepicureísmo.
La palabra clave es mercado.
Otra
forma de Solidaridad son las campañas puntuales, se hace énfasis en
las lacras más miserables, hambre, guerras, etc, las organizan ONG´s y
medios de comunicación social, tienen por objeto paliar los efectos de
las catástrofes, los que donan para estas campañas se sienten muy
desculpabilizados , se promueve un emotivismo ético, y es de carácter
económico impulsivo. La palabra clave es ayuda
La
Solidaridad como Cooperación, es la que organizan las ONG´s con
voluntariado, se ven los conflictos como desajustes del Sistema, se
aborda la puesta en marcha de proyectos, los agentes toman conciencia y
experiencia y se promueve la ética del consenso desde el acuerdo.
La palabra clave es desarrollo
Por
último se destaca la Solidaridad por el Encuentro, está organizada por
ONG´s y voluntariado, se centra en el desequilibrio radica entre
Norte/Sur, hay que ofrecer alternativas de promoción y transformación
social desde los destinatarios, hay que contribuir a configurar un
proyecto de vida, los destinatarios tienen que ser protagonistas de su
proceso de liberación, conforma una Ética compasiva desde los
excluidos y conlleva hacia La palabra clave es transformación.
No
cabe duda que un educador en el desarrollo de la acción social y
el compromiso tiene que tender hacia que su gestión sea conseguir la
transformación del entorno donde actúa si este está enmarcado con
altos niveles de injusticia y desigualdad.
El
rol del educador solidario, se diferencia bastante del enseñante
profesional cuyos únicos objetivos son transmitir conocimientos y
que luego cada persona haga de los mismo lo que mejor le parezca.
Se
dijeron muchas más cosas, pero creo que es suficiente para que os
hagáis una idea de las pautas por las que se motiva un docente que
quiera ser solidario y transformador de este mundo injusto y desigual
donde habitamos.
Seguiré
informando. Feliciano
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Educación.
El origen de nuestra autoridad
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Original Message -----
From: "FRANCISCO J. LOZANO SORIANO FUNDACION SAN VALERO -
PROFESORES" <fjlozano@SVALERO.ES>
To: <EDULIST@LISTSERV.REDIRIS.ES>
Sent: Sunday, May 04, 2003 11:50 AM
Subject: [ED] El origen de nuestra autoridad
¡Hola amigos!:
Siempre que leo vuestros correos, cuando puedo hacerlo, me da
mucha
rabia no poder participar por cuestión de tiempo. Hoy que tengo
unos
minutillos quiero lanzar al ruedo una cuestión que me preocupa.
Es el tema de la autoridad en el aula. Yo escribí un artículo
hace tres
o cuatro años que publiqué en la revista "Proyecto"
que hacemos en
nuestro centro dirigida a los profesores (Precisamente este mes he
sacado otro, hacía meses que no colaboraba). Os lo envío porque
sigue,
años después, reflejando claramente lo que pienso del tema. Yo
doy
clase en primer ciclo de la ESO y soy el Orientador de todo el
centro
para todos los niveles, excepto de primaria que no tenemos.
Espero que os guste y me agradaría saber lo que pensáis del
tema.
Os invito si os apetece a entrar en la web de mi centro para que
la
veáis, en ella podéis encontrar el "Proyecto de este
mes". Creo que no
hace falta clave para leerlo.
Un abrazo desde Zaragoza
Javier
EL
ORIGEN DE NUESTRA AUTORIDAD
Ya
comienzan a hacer acto de presencia los primeros rayos de sol,
esos que nuestros alumnos aprovechan al máximo en el recreo o a
la puerta de la Escuela y que empiezan a alejar de su cabeza
conceptos, ideas, teoremas y demás “rollos” para dar paso al
parque, los ligues y otros menesteres que atraen mucho más su
atención.
A mí, por estas fechas me
preocupa todo esto. ¿Qué podemos hacer para hacerles comprender
su necesidad de no perder el ritmo?, ¿de apurar los cuatro días
que quedan para las vacaciones de verano.?
Creo
que debemos darnos cuenta de la edad que tienen, que no pueden
hacer todo como a nosotros nos gustaría, que tal vez debamos
acercarnos todavía un poco más a ellos, evidentemente sin perder
de vista nuestro cometido. Llegados a este punto, podrás pensar
que tu autoridad puede resentirse. Pero ¿tienes autoridad?, o lo
que tienes o pretendes tener es poder.
Debemos
pensar que esos chicos que, como he dicho en multitud de ocasiones
desde estas páginas, nos sacan de quicio, esos adolescentes que
nos enervan en demasía son los que deben darnos la autoridad que,
en muchas ocasiones, pretendemos tener. En tu clase, como en la
mía, la cercanía es esencial, debemos estar a su lado en este
tramo tan decisivo para sus vidas y según en qué nivel estés
más aún. Debemos ganarnos día a día su confianza, su cariño,
en definitiva, ellos deben darnos esa autoridad que debemos
emplear después para que nuestras clases funcionen, y ellos lo
saben, son conscientes de que tú eres quien “manda” en el
aula porque ellos mismos te han colocado en ese lugar,
generalmente con una unanimidad aplastante con la que muchos
adultos somos incapaces de responder.
Debemos hacer un esfuerzo y
recordar cuando éramos como ellos...
“Es
de sabios reconciliarnos con nuestra adolescencia; odiar,
despreciar, negar o simplemente olvidar el adolescente que fuimos
es en sí una actitud adolescente, una concepción de la
adolescencia como enfermedad moral.”[i]
...y
no caer en el grave error de dedicarnos a la información con “afán
de ser más juez que responsable del aprendizaje”
[ii],
olvidando lo más importante, la formación integral como personas
en esta etapa crítica de su desarrollo.
Fco.
Javier Lozano
[i]
“Como
una novela”, Pennac, Daniel. Ed. Anagrama, Colección
Argumentos, 137, Barna, 1998.
[ii] “Sistemas
educativos de hoy”, García Garrido, José Luis. Ed.
Dykinson, 3ª edición, Madrid, 1993.
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Este
mundo de la injusticia globalizada
JOSÉ SARAMAGO
ELPAIS.ES
EDICIÓN IMPRESA > OPINIÓN
Miércoles, 6 de febrero de 2002
© DIARIO EL PAÍS, S.L.
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José
Saramago es premio Nobel de Literatura. Este texto fue
leído en la clausura del Foro Mundial Social reunido en
Porto Alegre (Brasil).
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Comenzaré
por contar en brevísimas palabras un hecho notable de la vida
rural ocurrido en una aldea de los alrededores de Florencia hace
más de cuatrocientos años. Me permito solicitar toda su
atención para este importante acontecimiento histórico porque,
al contrario de lo habitual, la moraleja que se puede extraer del
episodio no tendrá que esperar al final del relato; no tardará
nada en saltar a la vista.
Estaban
los habitantes en sus casas o trabajando los cultivos, entregado
cada uno a sus quehaceres y cuidados, cuando de súbito se oyó
sonar la campana de la iglesia. En aquellos píos tiempos
(hablamos de algo sucedido en el siglo XVI), las campanas tocaban
varias veces a lo largo del día, y por ese lado no debería haber
motivo de extrañeza, pero aquella campana tocaba
melancólicamente a muerto, y eso sí era sorprendente, puesto que
no constaba que alguien de la aldea se encontrase a punto de
fenecer. Salieron por lo tanto las mujeres a la calle, se juntaron
los niños, dejaron los hombres sus trabajos y menesteres, y en
poco tiempo estaban todos congregados en el atrio de la iglesia, a
la espera de que les dijesen por quién deberían llorar. La
campana siguió sonando unos minutos más, y finalmente calló.
Instantes después se abría la puerta y un campesino aparecía en
el umbral. Pero, no siendo éste el hombre encargado de tocar
habitualmente la campana, se comprende que los vecinos le
preguntasen dónde se encontraba el campanero y quién era el
muerto. 'El campanero no está aquí, soy yo quien ha hecho sonar
la campana', fue la respuesta del campesino. 'Pero, entonces, ¿no
ha muerto nadie?', replicaron los vecinos, y el campesino
respondió: 'Nadie que tuviese nombre y figura de persona; he
tocado a muerto por la Justicia, porque la Justicia está muerta'.
¿Qué
había sucedido? Sucedió que el rico señor del lugar (algún
conde o marqués sin escrúpulos) andaba desde hacía tiempo
cambiando de sitio los mojones de las lindes de sus tierras,
metiéndolos en la pequeña parcela del campesino, que con cada
avance se reducía más. El perjudicado empezó por protestar y
reclamar, después imploró compasión, y finalmente resolvió
quejarse a las autoridades y acogerse a la protección de la
justicia. Todo sin resultado; la expoliación continuó. Entonces,
desesperado, decidió anunciar urbi et orbi (una aldea
tiene el tamaño exacto del mundo para quien siempre ha vivido en
ella) la muerte de la Justicia. Tal vez pensase que su gesto de
exaltada indignación lograría conmover y hacer sonar todas las
campanas del universo, sin diferencia de razas, credos y
costumbres, que todas ellas, sin excepción, lo acompañarían en
el toque a difuntos por la muerte de la Justicia, y no callarían
hasta que fuese resucitada. Un clamor tal que volara de casa en
casa, de ciudad en ciudad, saltando por encima de las fronteras,
lanzando puentes sonoros sobre ríos y mares, por fuerza tendría
que despertar al mundo adormecido... No sé lo que sucedió
después, no sé si el brazo popular acudió a ayudar al campesino
a volver a poner los lindes en su sitio, o si los vecinos, una vez
declarada difunta la Justicia, volvieron resignados, cabizbajos y
con el alma rendida, a la triste vida de todos los días. Es bien
cierto que la Historia nunca nos lo cuenta todo...
Supongo
que ésta ha sido la única vez, en cualquier parte del mundo, en
que una campana, una inerte campana de bronce, después de tanto
tocar por la muerte de seres humanos, lloró la muerte de la
Justicia. Nunca más ha vuelto a oírse aquel fúnebre sonido de
la aldea de Florencia, mas la Justicia siguió y sigue muriendo
todos los días. Ahora mismo, en este instante en que les hablo,
lejos o aquí al lado, a la puerta de nuestra casa, alguien la
está matando. Cada vez que muere, es como si al final nunca
hubiese existido para aquellos que habían confiado en ella, para
aquellos que esperaban de ella lo que todos tenemos derecho a
esperar de la Justicia: justicia, simplemente justicia. No la que
se envuelve en túnicas de teatro y nos confunde con flores de
vana retórica judicial, no la que permitió que le vendasen los
ojos y maleasen las pesas de la balanza, no la de la espada que
siempre corta más hacia un lado que hacia otro, sino una justicia
pedestre, una justicia compañera cotidiana de los hombres, una
justicia para la cual lo justo sería el sinónimo más exacto y
riguroso de lo ético, una justicia que llegase a ser tan
indispensable para la felicidad del espíritu como indispensable
para la vida es el alimento del cuerpo. Una justicia ejercida por
los tribunales, sin duda, siempre que a ellos los determinase la
ley, mas también, y sobre todo, una justicia que fuese emanación
espontánea de la propia sociedad en acción, una justicia en la
que se manifestase, como ineludible imperativo moral, el respeto
por el derecho a ser que asiste a cada ser humano.
Pero
las campanas, felizmente, no doblaban sólo para llorar a los que
morían. Doblaban también para señalar las horas del día y de
la noche, para llamar a la fiesta o a la devoción a los
creyentes, y hubo un tiempo, en este caso no tan distante, en el
que su toque a rebato era el que convocaba al pueblo para acudir a
las catástrofes, a las inundaciones y a los incendios, a los
desastres, a cualquier peligro que amenazase a la comunidad. Hoy,
el papel social de las campanas se ve limitado al cumplimiento de
las obligaciones rituales y el gesto iluminado del campesino de
Florencia se vería como la obra desatinada de un loco o, peor
aún, como simple caso policial. Otras y distintas son las
campanas que hoy defienden y afirman, por fin, la posibilidad de
implantar en el mundo aquella justicia compañera de los hombres,
aquella justicia que es condición para la felicidad del espíritu
y hasta, por sorprendente que pueda parecernos, condición para el
propio alimento del cuerpo. Si hubiese esa justicia, ni un solo
ser humano más moriría de hambre o de tantas dolencias
incurables para unos y no para otros. Si hubiese esa justicia, la
existencia no sería, para más de la mitad de la humanidad, la
condenación terrible que objetivamente ha sido. Esas campanas
nuevas cuya voz se extiende, cada vez más fuerte, por todo el
mundo, son los múltiples movimientos de resistencia y acción
social que pugnan por el establecimiento de una nueva justicia
distributiva y conmutativa que todos los seres humanos puedan
llegar a reconocer como intrínsecamente suya; una justicia
protegida por la libertad y el derecho, no por ninguna de sus
negaciones. He dicho que para esa justicia disponemos ya de un
código de aplicación práctica al alcance de cualquier
comprensión, y que ese código se encuentra consignado desde hace
cincuenta años en la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, aquellos treinta derechos básicos y esenciales de los
que hoy sólo se habla vagamente, cuando no se silencian
sistemáticamente, más desprestigiados y mancillados hoy en día
de lo que estuvieran, hace cuatrocientos años, la propiedad y la
libertad del campesino de Florencia. Y también he dicho que la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, tal y como está
redactada, y sin necesidad de alterar siquiera una coma, podría
sustituir con creces, en lo que respecta a la rectitud de
principios y a la claridad de objetivos, a los programas de todos
los partidos políticos del mundo, expresamente a los de la
denominada izquierda, anquilosados en fórmulas caducas, ajenos o
impotentes para plantar cara a la brutal realidad del mundo
actual, que cierran los ojos a las ya evidentes y temibles
amenazas que el futuro prepara contra aquella dignidad racional y
sensible que imaginábamos que era la aspiración suprema de los
seres humanos. Añadiré que las mismas razones que me llevan a
referirme en estos términos a los partidos políticos en general,
las aplico igualmente a los sindicatos locales y, en consecuencia,
al movimiento sindical internacional en su conjunto. De un modo
consciente o inconsciente, el dócil y burocratizado sindicalismo
que hoy nos queda es, en gran parte, responsable del
adormecimiento social resultante del proceso de globalización
económica en marcha. No me alegra decirlo, mas no podría
callarlo. Y, también, si me autorizan a añadir algo de mi
cosecha particular a las fábulas de La Fontaine, diré entonces
que, si no intervenimos a tiempo -es decir, ya- el ratón de los
derechos humanos acabará por ser devorado implacablemente por el
gato de la globalización económica.
¿Y
la democracia, ese milenario invento de unos atenienses ingenuos
para quienes significaba, en las circunstancias sociales y
políticas concretas del momento, y según la expresión
consagrada, un Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el
pueblo? Oigo muchas veces razonar a personas sinceras, y de buena
fe comprobada, y a otras que tienen interés por simular esa
apariencia de bondad, que, a pesar de ser una evidencia
irrefutable la situación de catástrofe en que se encuentra la
mayor parte del planeta, será precisamente en el marco de un
sistema democrático general como más probabilidades tendremos de
llegar a la consecución plena o al menos satisfactoria de los
derechos humanos. Nada más cierto, con la condición de que el
sistema de gobierno y de gestión de la sociedad al que
actualmente llamamos democracia fuese efectivamente democrático.
Y no lo es. Es verdad que podemos votar, es verdad que podemos,
por delegación de la partícula de soberanía que se nos reconoce
como ciudadanos con voto y normalmente a través de un partido,
escoger nuestros representantes en el Parlamento; es cierto, en
fin, que de la relevancia numérica de tales representaciones y de
las combinaciones políticas que la necesidad de una mayoría
impone, siempre resultará un Gobierno. Todo esto es cierto, pero
es igualmente cierto que la posibilidad de acción democrática
comienza y acaba ahí. El elector podrá quitar del poder a un
Gobierno que no le agrade y poner otro en su lugar, pero su voto
no ha tenido, no tiene y nunca tendrá un efecto visible sobre la
única fuerza real que gobierna el mundo, y por lo tanto su país
y su persona: me refiero, obviamente, al poder económico, en
particular a la parte del mismo, siempre en aumento, regida por
las empresas multinacionales de acuerdo con estrategias de dominio
que nada tienen que ver con aquel bien común al que, por
definición, aspira la democracia. Todos sabemos que así y todo,
por una especie de automatismo verbal y mental que no nos deja ver
la cruda desnudez de los hechos, seguimos hablando de la
democracia como si se tratase de algo vivo y actuante, cuando de
ella nos queda poco más que un conjunto de formas ritualizadas,
los inocuos pasos y los gestos de una especie de misa laica. Y no
nos percatamos, como si para eso no bastase con tener ojos, de que
nuestros Gobiernos, esos que para bien o para mal elegimos y de
los que somos, por lo tanto, los primeros responsables, se van
convirtiendo cada vez más en meros comisarios políticos
del poder económico, con la misión objetiva de producir las
leyes que convengan a ese poder, para después, envueltas en los
dulces de la pertinente publicidad oficial y particular,
introducirlas en el mercado social sin suscitar demasiadas
protestas, salvo las de ciertas conocidas minorías eternamente
descontentas...
¿Qué
hacer? De la literatura a la ecología, de la guerra de las
galaxias al efecto invernadero, del tratamiento de los residuos a
las congestiones de tráfico, todo se discute en este mundo
nuestro. Pero el sistema democrático, como si de un dato
definitivamente adquirido se tratase, intocable por naturaleza
hasta la consumación de los siglos, ése no se discute. Mas si no
estoy equivocado, si no soy incapaz de sumar dos y dos, entonces,
entre tantas otras discusiones necesarias o indispensables, urge,
antes de que se nos haga demasiado tarde, promover un debate
mundial sobre la democracia y las causas de su decadencia, sobre
la intervención de los ciudadanos en la vida política y social,
sobre las relaciones entre los Estados y el poder económico y
financiero mundial, sobre aquello que afirma y aquello que niega
la democracia, sobre el derecho a la felicidad y a una existencia
digna, sobre las miserias y esperanzas de la humanidad o, hablando
con menos retórica, de los simples seres humanos que la componen,
uno a uno y todos juntos. No hay peor engaño que el de quien se
engaña a sí mismo. Y así estamos viviendo.
No
tengo más que decir. O sí, apenas una palabra para pedir un
instante de silencio. El campesino de Florencia acaba de subir una
vez más a la torre de la iglesia, la campana va a sonar.
Oigámosla, por favor.
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