|
Miren
ustedes. Perdonen, les hemos matado por error (y aunque no lo
diga, por pelotas y avariciosos)
Pero
debo alegar en mi defensa que, cuando decidimos la invasión
agresiva, estábamos convencidos de que no estábamos
equivocados, sus muertes, pensábamos, sólo eran daños
colaterales sin importancia, porque lo importante era, decíamos,
acabar con un régimen peligroso que tenía armas de destrucción
masiva con un alcance superior a los 70 km., que podrían herir
a algún israelí que se paseara por las afueras de los
territorios ocupados.
Ahora,
que nuestros aliados, que nos dieron la información, nos dicen
que quizás los motivos explícitos más justificables para la
invasión, destrucción y matanza inocente (incluso la de
nuestros propios militares y periodistas) fueran erróneos y,
dado que aún no hemos querido o podido fabricar pruebas falsas,
no nos queda más remedio que pedir disculpas por haberles
matado erróneamente (aunque no injustamente, ya que dado que
nosotros sólo apuntábamos a Sadam Hussein por ser un tirano
que os martirizaba a vosotros y cuyo régimen no era democrático,
y si os matamos a vosotros fue porque vosotros os pusisteis en
medio o porque, dado que Sadam Hussein se escondía, debimos
utilizar armas de destrucción amplia. Intentar matar a un
hombre mediante bombardeos tiene estos inconvenientes, matas a
mucha gente que no quisieras matar).
Por
eso, repito: perdón a vosotros por haberos matado por error, y
a vuestras familias por el dolor erróneo que les hemos causado.
Pero
vaya lo nuestro en compensación de las víctimas españolas del
terrorismo. ¿Y además, quién nos puede asegurar que estos niñitos
y jóvenes que hemos matado por error no se hubiesen convertido
en terroristas dentro de unos años? Quizás hayamos acertado,
de forma preventiva, sin saberlo.
No
obstante, aun reconociendo el error de la ONU (nosotros no
hicimos más que cumplir las órdenes de la ONU: “Si Sadam
Hussein no nos demuestra que tiene armas de destrucción masiva,
y no nos las entrega todas, deberá atenerse a posibles graves
consecuencias”. Nosotros, dado que no nos entregó las armas,
las tenga o no, interpretamos que éstas son las posibles graves
consecuencias) no pensamos retirarnos, ni reconstruir
gratuitamente todos los destrozos ocasionados, ni restituir todo
el mal causado (excepto las vidas y amputaciones que son
irrecuperables), ni todo lo que se han apropiado nuestros
aliados, por lo menos, hasta que nos lo ordenen ellos mismos.
Tengan en cuenta que aún los pingües beneficios de la
intervención, por la reconstrucción para los amigos de Davos
no se han dado y sólo sí nuestras cincuenta y pico muertes, mártires,
víctimas de vuestro terrorismo. (no vale que vosotros
digáis que sois la resistencia frente al invasor. Si, en legítima
defensa, matáis o herís a alguno de los nuestros, sois unos
repelentes terroristas que os merecéis todos los males que os
infringimos por error, y así nos justificais).
10
de Febrero de 2004
|