Història del Camino


1. - Introducció

Desde hace aproximadamente unos 1.200 años, hombres y mujeres han viajado a Santiago de Compostela para cumplir con un ritual: orar ante la tumba del apóstol Santiago. Los pasos de estos hombres y mujeres han forjado unas sendas a lo largo de todo el norte peninsular, desde Roncesvalles a Finisterre. La ruta se ha ido manteniendo y potenciando y hoy en día permite peregrinar a Compostela de diversas formas; a pie, en bicicleta o a caballo.

2. El Culto al Apóstol Santiago

Santiago, Apóstol de Cristo conocido como Banerges (Hijo del Trueno), predicó en España según la tradición, apareciéndosele la Virgen en el Pilar. Al regresar a Palestina fue decapitado por Herodes Agripa, sus discípulos embarcaron el cuerpo en el puerto de Joppe y navegaron hasta Galicia en 7 días, enterrándole en un mausoleo al pie de Libredon (Liberum-Dominum) un despoblado cercano a la sede episcopal de Iría Flavia (hoy Padrón). Hacia el año 813, reinando Alfonso II "El Casto" en Asturias y Galicia, un monje llamado Pelagio, cree ver unas luces poco habituales que le sorprenden. Avisa al obispo Teodomiro y se descubre un sepulcro marmóreo de la época romana,

cuyo contenido asegura que corresponde a los restos de Santiago el Mayor y de sus dos discípulos Atanasio y Teodoro. Esto ocurrió un 25 de julio, fecha que luego daría origen a la festividad de Santiago.

.Alfonso II visitó el lugar mandando erigir una primera y modesta basílica llamada de Antealtares y un monasterio que encomendó a los benedictinos; luego sustituida por otra mayor en tiempos de Alfonso III.

Tras la razzia de Almanzor en el año 997 y la reconstrucción del segundo templo, el patronazgo de Santiago contra el Islam empieza a surtir sus efectos, se instituye el Voto y refuerza el papel del reino de León, un camino de estrellas comienza a guiar a los peregrinos hacia el occidente, los milagros se suceden.

Diego Peláez comienza la catedral románica (1075). Con Gelmirez se alcanza la mayor esplendidez del culto, se engrasa el relicario y consigue la dignidad arzobispal. Calixto II instituyó la gracia del Año Santo Compostelano. Se consigue así un jubileo extraordinario cada vez que la fiesta del apóstol (25 de julio) cae en domingo, resultando una periodicidad de cada 6-5-6 y 11 años.

Comienza así la etapa dorada de las peregrinaciones en las que Santiago se convierte en el santuario del orbe cristiano más visitado, superando con mucho a Roma y Jerusalén. Es tan grande la multitud de peregrinos que van a Compostela y de los que vuelven, que apenas queda libre la calzada hacia occidente (Un embajador del emir Ali Ben Yusuf). La lista de las naciones que se congregaban en la catedral es numerosa según el Codex Calixtinus, cuyo libro V es una compleja guía medieval de la peregrinación donde se describen las etapas del camino francés, como eran los pueblos que atravesaba la ruta allá por el siglo XII, la calidad de las aguas, las numerosas reliquias y cuerpos santos que se pueden visitar, y en especial se detiene en la ciudad de Santiago y su Catedral. Se atribuye su autoría al galo Aymeric Picaud.

Con la Reforma, el espíritu humanista y las guerras de religión descendió la afluencia de peregrinos. En 1588 el arzobispo San Clemente oculta precipitadamente las reliquias ante el peligro de un ataque inglés y aunque el flujo de visitantes medró en la época triunfal barroca, casi desaparece en el siglo XIX. Sólo el tesón del cardenal Paya, que descubre los restos durante unas excavaciones y la certificación de autenticidad expedida por León XIII en su bula Deus Omnipotens (1884), consiguieron una repercusión del antiguo fenómeno, del que hoy somos herederos con un crecimiento espectacular. En los años 1982 y 1989, por primera vez en la historia, un Papa, Juan Pablo II, peregrina también a Compostela.

Muchos son los motivos que llevan a Compostela a millones de personas. Dante en la Vita Nuova dice que sólo es peregrino aquel que va o viene de la casa de Santiago y aunque desde fecha temprana hubo una picaresca en la ruta, no podemos olvidar que la mayor parte de los peregrinos están guiados por un fundamento espiritual, ya sea en cumplimiento de una promesa, por motivos penitenciales, para dar culto al apóstol o por motivos culturales. Reflexionar es un camino simbólico como el de la vida o buscar "algo" impreciso.

Los peregrinos en la actualidad cuentan con interés las ricas experiencias vividas que les ha proporcionado la ruta. Todos coinciden en resaltar la variedad cultural de las diferentes regiones que atraviesa el camino, los detalles hospitalarios de las gentes y especialmente las reflexiones cotidianas, sus impresiones sobre el paisaje, las experiencias y coloristas anécdotas que surgen durante la gran aventura jacobea.

La ruta jacobea fue ratificada como Primer Itinerario Cultural Europeo en 1987 por el Consejo de Europa.

3. El Codex Calixtinus.

Probablemente con el apoyo de la Orden de Cluny, un clérigo francés, llamado Aymeric Picaud, compuso en la primera mitad del siglo XII cinco volúmenes que reunían todas las historias referidas al Apóstol, además de una buena cantidad de indicaciones prácticas para los peregrinos. El "Liber Santi Jacobi" (conservado en la Catedral de Santiago de Compostela) pasó a la historia como el Codice Calixtino por haber aparecido envuelto en una mentira: según su autor, el Papa Calixto II habría enviado los escritos al patriarca de Jerusalén y al arzobispo de Santiago para su revisión. Reforzando la idea de que el libro había sido redactado por mandato divino, el propio Calixto advierte a ambos que, tras haber escapado indemne a durísimas pruebas, recibió el visto bueno mediante una aparición. El autor describe las rutas, que atravesando Francia y el norte de España, convergían en la Catedral de Santiago. Esta Guía de Peregrinos, incluida en el Codice, es por supuesto, una ayuda de mucho valor para los viajeros que en la actualidad realizan el Camino.

4. - Leyendas, anécdotas y curiosidades.

El Camino de Santiago está lleno de anécdotas, leyendas y cuentos pícaros. Al principio, los peregrinos vestían ropas comunes al resto de viajeros. Poco a poco, la indumentaria fue concretándose en un abrigo corto que no estorbaba el movimiento de las piernas, una esclavina o pelerina de cuero que protegía del frío y la lluvia, sombrero redondo de ala ancha y un bordón más alto que la cabeza con punta de hierro; colgada de él, una calabaza hacia las veces de cantimplora. La vieira, concha habitual en los mares de Galicia, se prendía a la ropa para autentificar la estancia en la ciudad del Apóstol en el camino de regreso. En el Siglo XII, en la plaza del Paraíso de Santiago (actual Azabache ría) existía ya un próspero negocio de conchas de plomo, estaño y azabache como recuerdo para los visitantes.

El peregrino solía ser una víctima apetecible de timadores y rufianes. Entre las figuras más temibles figuraban los posaderos, que servían alimentos pasados de fecha. En 1133 las autoridades de Compostela amonestaron a los comerciantes tras comprobar que cobraban más al peregrino que al residente. A lo largo de los siglos, personajes de toda clase y condición recorrieron la ruta de las estrellas. El primero documentado fue Gotescalco, arzobispo de la localidad francesa de Le Puy, quien llega a Compostela en el año 950 acompañado de un gran gentío. A mediados del siglo XII los condes de Barcelona disponían de un servicio oficial de guías para acompañar a sus huéspedes ilustres que así lo solicitaran hasta la catedral de Santiago.
En 1488 los Reyes Católicos viajan a la ciudad santa. También existió la peregrinación por delegación. Un documento de 1312 detalla como el francés Ives Lebreton cumplió los requisitos de la peregrinación a nombre de la condesa de Artois. A partir del siglo XV se inicia un nuevo tipo de peregrinación: la caballeresca.

Entre las leyendas mas famosas hay que destacar la de la localidad riojana de Santo Domingo de la Calzada,la del paso honroso de Puente de Órbigo o la del vecino de Barxamaior.

En la primera cuentan que un matrimonio alemán y su hijo llegaron a la posada de Santo Domingo. La criada trató de seducir al muchacho, pero como éste se negó, metió un cáliz de plata en su zurrón y le denunció a las autoridades. El muchacho fue juzgado y ahorcado inmediatamente. Los padres afligidos, continuaron la peregrinación a Santiago. De regreso, pasaron de nuevo por Santo Domingo y comprobaron que su hijo colgaba aún vivo de la cuerda: Santo Domingo lo sujetaba por los pies. Al contarle lo sucedido al corregidor, éste, que se disponía a comer, dijo:

"Vuestro hijo está tan vivo como esta gallina que me voy a comer"; en ese momento, el ave dejó el plato y echó a correr, dando lugar al dicho. "Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada". Para recordarlo, se conservan siempre un gallo y una gallina vivos en una urna en el interior de la catedral de Santo Domingo.

En la del vecino de Barxamaior cuenta que un vecino se acercó al santuario para oír la santa misa en un día de gran ventisca y nieve y viéndole entrar el oficiante exclamó para si: "Cual viene este otro, con una tan grande tempestad y tan fatigado, a ver un poco de pan y vino". En ese momento aconteció el prodigio de la transubstanciación para abrir los ojos aquel clérigo incrédulo. Dos siglos después la reina Isabel la Católica donó dos redomas de plata para conservar la carne y la sangre, junto a estas también se puede contemplar el cáliz románico del milagro y la imagen medieval.
En el Camino de Santiago, la historia se mezcla con la leyenda y en ocasiones no se sabe dónde empieza una y acaba la otra. No está demostrado, históricamente, que Santiago el Mayor, hijo del Zebedeo y de María Salomé, y hermano de Juan el Evangelista, predicara en España, aunque algunas fuentes lo dan por cierto, incluso situando en la ciudad de Sevilla su apostolado. La tradición dice que la Virgen María, que aún vivía en Nazaret, se le apareció dos veces, una a orillas del Ebro, en Zaragoza, sobre un pilar portando por los Ángeles; la segunda, cuando llegó a la playa de Muxia en la Costa de la Muerte gallega, navegando en una barca de piedra que aún puede verse varada sobre la arena.

Los que afirman que Santiago estuvo en España, reconocen que logró muy pocas conversiones. Desanimado quizá por su escaso éxito, volvió a Palestina, donde Herodes Agripa I le mandó decapitar. Dos discípulos suyos, Atanasio y Teodoro, que quizá le acompañaron en su viaje a España, pusieron su cuerpo en una barca, la cual, gobernada por ellos o navegando por si sola, pues en esto no están de acuerdo los autores, pasó las columnas de Hércules, el Estrecho de Gibraltar para luego llegar a las costas de Galicia.

Aquel territorio estaba gobernado entonces por una reina llamada Lupa o Loba, a la que pintan cruel y despótica, pues puso toda clase de trabas a los discípulos cuando estos le pidieron un lugar donde dar digna sepultura al Apóstol. Cuentan que, para burlarse de ellos, les dio una pareja de toros bravos que los discípulos tuvieron que amansar antes de uncirlos al carro mortuorio. Cuando vio este prodigio, la reina Loba dio su consentimiento para que dieran tierra al santo cuerpo.

Pasados ocho siglos fue descubierto el cuerpo del apóstol en un lugar al que denominaron Compostela o Campo de la Estrella, aunque es más probable que la palabra venga de compositum, en latín "cementerio".

Algunos dicen que desde mucho antes de la llegada del cristianismo a España, existía una ruta iniciativa que se dirigía al Finisterre, al lugar donde empieza el mar de los Muertos, del que nadie volvía. No pocos peregrinos completan su viaje a Santiago yendo al Cabo de este nombre para ver la puesta de sol, recordando que los antiguos pensaban que el astro moría cada atardecer y hasta creían oír el crepitar de la hoguera celeste al hundirse en el océano.