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Miguel Poveda, cante
Calificación: * * * *
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| Tradición y modernidad | ||
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Por fin una noche de cante, pero de cante del grande, gracias a uno de los mejores cantaores del joven flamenco actual. El cante de Poveda es clásico y a la vez innovador. Su voz tiene toda la expresión dramática necesaria, pero al tiempo sabe susurrarnos los oídos con una clase de grito contenido. Canta con voz clara -no se deja de entender ni una sola sílaba- tiene una gran transparencia de color y lo que le da más personalidad a su cante es que le gusta adentrarse por la melodía. Los palos fueron muy variados, cantó, entre otros, por soleá, por fandango, por malagueñas. En los festeros, como las aplaudidas alegrías de Cádiz que interpretó, estuvo comedido aunque arrancó algunos tímidos olés. En las bulerías que hizo con letras de Leon y Quiroga me quedé con ganas de algo más de fuerza rítmica, pero se nota que no busca el lucimiento fácil, lo suyo es un arte más profundo, más sublime, pura destilación de la jondura flamenca. Transmite sentimiento, todo emoción y belleza. El flamenco tiene unos cánones que hay que respetar y eso muchas veces no se hace apelando a una supuesta modernización del cante, pero el cantaor catalán demuestra que desde el más puro clasicismo se puede ser moderno, no hay más que intentar hacerlo mejor que los maestros. Con la guitarra, Chicuelo, su guitarrista habitual, estuvo a la altura del maestro. El entendimiento entre ambos fue perfecto. Después de una gran ovación nos regaló como propina unos cantes de Levante y así terminó una velada flamenca donde nos reencontramos con un viejo conocido: el duende. |
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