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C O M E T A S

 

Historia

        Los cometas eran ya conocidos en la Antigüedad. Muchos de ellos son tan brillantes y aparecen de modo tan sorprendente en los cielos, con sus largas colas, que la superstición vio en ellos astros maléficos. Este terror a los cometas sobrevivió a la Edad Media y parte de la Era Moderna.

        Aristóteles y Ptolomeo creían que eran irregularidades de la atmósfera terrestre. Séneca (4 a.C.-65d.C.), en cambio, habló por primera vez de ellos como cuerpos celestes autónomos. Regiomontano midió en 1472 el diámetro angular de los cometas, y las primeras mediciones de distancias las realizó Tycho Brahe en 1577, llegando a la conclusión de que el cometa observado por él tenía que estar por los menos a 230 radios terrestres y moverse, por tanto, bien fuera del radio de atracción de la Tierra. Por tanto, ante la evidencia se tuvo que abandonar las teorías que defendían el origen terrestre de estos fenómenos.

        Pero aún tuvieron que pasar varias décadas hasta que se impuso esta idea, la iglesia, como no, influyó en ello. Curiosamente Galileo se mostró contrario a ella.  Edmund Halley consiguió probar en 1682 que el cometa que se observó ese año era el mismo de 1607, 1531 y 1456 y asignó a este objeto una órbita elíptica alargada alrededor del Sol, con un período de traslación de 76 años. Su predicción de que el cometa volvería se cumplió, era el año 1758-9 pero no vivió para verlo. Posteriormente, recibió el nombre de cometa Halley en su honor.

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Primera aparición del cometa Halley

Este dibujo es el tapiz de Bayeux del siglo XI, que cuenta la historia de la conquista de Inglaterra por los normandos. Esta escena describe una aparición del cometa que más tarde tomó su nombre de Edmund Halley.

Mary Evans Picture Library/Photo Researchers, Inc.

   

            Con posterioridad tras la invención del anteojo, empezaron a aumentar las cifras de descubrimientos. Los documentos más antiguos sobre cometas datan del milenio III a.C. El catálogo de cometas de Faldet, publicado en 1950, abarca hasta el año -2315 y registra hasta 1948 un total de 1738 objetos. En la actualidad hay que contar con media de 20 descubrimientos de cometas por año.

 

Nomenclatura

        Se les asigna de entrada una denominación provisional de acuerdo con el número de orden de su descubrimiento dentro de cada año. A la cifra del año se le añade una letra latina a, b, c, etc.

        El cometa recibe además el apellido de sus descubridor, cuando es descubierto simultáneamente e independientemente o más de una persona, se utilizan nombres múltiples, tal es el caso del cometa Hale-Bopp.

        Posteriormente, una vez que se dispone de elementos orbitales definitivos, se procede a rebautizarlo con la forma definitiva, que consiste en ordenarlos ya dentro de cada año por la fecha de su paso por el perihelio, para lo cual se utilizan números romanos, I, II, III, etc.

 

Composición

        Un cometa consta de un claro núcleo, de hielo y roca, rodeado de una atmósfera nebulosa llamada cabellera o coma. El astrónomo estadounidense Fred L. Whipple describió en 1949 el núcleo de los cometas, que contiene casi toda la masa del cometa, como una "bola de nieve sucia" compuesta por una mezcla de hielo y polvo.

        Hay diversos datos que sustentan la teoría de la bola de nieve. De los gases y partículas meteóricas observados que se expulsan para formar la cabellera y la cola de los cometas, la mayor parte de los gases son moléculas fragmentarias o radicales de los elementos más comunes en el espacio: hidrógeno, carbono, nitrógeno y oxígeno. Los radicales, por ejemplo CH, NH y OH, provienen de la rotura de algunas de las moléculas estables CH4 (metano), NH3 (amoníaco) y H2O (agua), que pueden permanecer en el núcleo como hielos o como compuestos más complejos y muy fríos. Otro hecho que apoya la teoría de la bola de nieve es que se ha comprobado, en los cometas más observados, que sus órbitas se desvían bastante de las previstas por las leyes newtonianas. Esto demuestra que el escape de gases produce una propulsión a chorro que desplaza ligeramente el núcleo de un cometa fuera de su trayectoria, por otra parte, fácil de predecir. Además, los cometas de periodos cortos, observados a lo largo de muchas revoluciones, tienden a desvanecerse con el tiempo como podría esperarse de los del tipo de estructura propuesta por Whipple. Por último, la existencia de grupos de cometas demuestra que los núcleos cometarios son unidades sólidas.

    La cabeza de un cometa, incluida su difusa cabellera, puede ser mayor que el planeta Júpiter. Sin embargo, la parte sólida de la mayoría de los cometas tiene un volumen de algunos kilómetros cúbicos solamente. Por ejemplo, el núcleo oscurecido por el polvo del cometa Halley tiene un tamaño aproximado de 15 por 4 kilómetros. Núcleo del cometa Halley

 

Periodos y órbitas

        Los cometas describen órbitas elípticas, y se han calculado los periodos (el tiempo que tarda un cometa en dar una vuelta alrededor del Sol) de unos 200 cometas. Los periodos varían desde 3,3 años para el cometa Encke a 2.000 años para el cometa Donati de 1858. Las órbitas de la mayor parte de los cometas son tan amplias que pueden parecer parábolas (curvas abiertas que apartarían a los cometas del Sistema Solar), pero como suponen los astrónomos a partir de los análisis técnicos, son elipses de gran excentricidad, posiblemente con periodos de hasta 40.000 años o mayores.

        No se conoce ningún cometa que se haya aproximado a la Tierra con una órbita hiperbólica; esto significaría que su origen estaba en el espacio exterior del Sistema Solar. Sin embargo, algunos cometas pueden no volver jamás al Sistema Solar debido a la gran alteración de sus órbitas originales por la acción gravitatoria de los planetas. Esta acción se ha observado en una escala más pequeña: unos 60 cometas de periodos cortos tienen órbitas que han recibido la influencia del planeta Júpiter, y se dice que pertenecen a la familia de Júpiter. Sus periodos varían de 3,3 a 9 años.

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Cometas: clasificación por periodo

           Los cometas se clasifican por su periodo, el tiempo que tardan en completar una órbita en torno al Sol. Un cometa de periodo corto tiene una órbita no mayor que la de Júpiter. Un cometa de periodo largo sigue un recorrido comparable a la órbita de Neptuno; el cometa Halley, con un periodo de unos 76 años, es un ejemplo de cometa de periodo largo. Un cometa de periodo muy largo puede tardar miles de años en girar alrededor del Sol, o puede pasar por el Sol una vez y no volver más.

 

 

Cometas y lluvias de meteoros.

        Hay también una estrecha relación entre las órbitas de los cometas y las de las lluvias de meteoros. El astrónomo italiano Giovanni Virginio Schiaparelli demostró que la lluvia de meteoros Perseidas, que aparece en agosto, se mueve en la misma órbita que el Cometa III de 1862. De la misma forma la lluvia de meteoros Leónidas, que aparece en noviembre, estaba en la misma órbita que el Cometa I de 1866. Se ha sabido de otras lluvias diferentes relacionadas con las órbitas de los cometas y se supone que son restos diseminados por un cometa a lo largo de su órbita.

 

Curvas de luz

        A continuación está la relación de cometas en los cuales he realizado hasta la fecha observaciones de sus curvas de luz.   En todas las curvas de luz relacionadas abajo, es posible obtener la curva de luz independientemente de la tabla de valores.

        Las que se presentan a continuación están en formato Excel (última versión) informatizadas. Si deseáis que os lo remita, me enviáis un Correo / E-mail

Click Hyakutake (1996 B2)
Click Hale-Bopp (1995 O1)
Click Mc-Naught (2006 P1)
Click Holmes (17P)

Masm © (Ultima actualización 27-oct-2007