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FABULAS DE FEDRO

PROLOGO


He llevado a la perfección, poniendo en versos senarlos estas
ficciones de las que Esopo fué el creador.  Dos son las prendas que
avaloran el libro: regocijar el ánimo y mostrar saludables conse-
jos que enseñen a bien vivir.  Si alguien quisiero motejarnos por-
que no sólo los animales, sino hasta los misms árboles hablan y
discurren, no olvide que nuestro propósito tira y se encamina a
dar esparcimiento al ánimo con meras invenciones de la fantasía.


I -Un piloto y un marinero.

Lamentábase uno de su negra fortuna, y Esopo imagina esta
fábula para consolarlo.

Estaba una nave a merced de los varios y encontrados,
vientos de alterado mar, y la tripulación con las lá-
grimas, temor y congojas de cercana muerte; serenóse
de súbito el furioso temporal; continuaron bogando
con próspero viento, y al punto se vió a los pasajeros.,
henchidos de gozo, solazarse con inusitada alegría.
Mas el piloto, aleccionado con la experiencia del pa-
sado peligro, dijo así. «Puesto qup en la tierra andan
siempre asidos de la mano el placer y la pena, mostré-
monos.tan prudentes antes de llegar al deseado puerto,
que tanto las expansiones como las quejas sean siempre
moderadas.»
En la prosperidad teme; en la adversidad espera.

II -Una vieja a un cántaro.

Yacia en tierra un cántaro vacío, y ya fuese por
las heces del vino o ya por lo exquisito de su barro, es
lo cierto que despedía suavísima fragancia.  Viólo una
vieja, y después de haberle olido, dijo así: « ¡ Oh suave
licor ! ¿.En qué alabanzas no me desharé al ponderar lo
que antes fuiste, mostrando todavía tales reliquias?»
Lo que ahora escribo (dice Fedro) declara cuál debió
ser el vigor y elegancia de lo que escribí en mejores días.
De las cosas buenas, aun sus vestigios nos deleitan y
cautivan.

III - Las dos perras.

Suelen envolver una asechanza las caricias de los malos, y
para no caer en ella, nos conviene tener muy presente lo que
diremos a continuación.
Una perra solicitó de otra permiso para echar en su
choza la cría, favor que le fué otorgado sin dificultad
alguna; pero es el caso que iba pasando el tiempo, y
nunca llegaba el momento de abandonar la choza que
tan generosamente se le había cedido, alegando, como
razón de esta demora, que era preciso esperar a que los
cachorrillos tuviesen fuerzas para andar por sí solos.
Como se le hiciesen nuevas instancias, pasado el
último plazo que ella misma había fijado, contestó
arrogantemente : «Me saldré de aquí, si tienes valor
para luchar conmigo y con mi turba.»
Si dais entrada al malo en vuestra casa, os echará
de ella.

IV -Un cazador y un perro.

No teniendo éste nada de cobarde, se había hecho
digno de las complacencias y agasajos de su amo, por
el ardor que desplegaba en la lucha contra toda suerte
de fieras, aun las más feroces; pero aquella naturaleza
robusta y vigorosa comenzó a declinar, sin dura con el
peso de los años.  Echósele a reñir en tal sazón con un
jabalí, y bien pronto hizo presa en una oreja; mas hubo
de soltarla, por tener los dientes ya cariados.
Sentido de ello el cazador, increpaba al perro; y él,
aunque viejo, respondió valientemente: «No me falta
empuje, sino fuerzas.  Alabábasme en otro tiempo por
lo que valía; y ahora me desprecias, porque no soy ni
aún sombra de lo que fui.»
Bien entiendes tu, Fíleto, a donde tiran y se enca-
minan estas cosas que yo escribo.
El tiempo todo lo acabe y co?isu»m.

V - Dos calvos.
Uno se encontró por casualidad en medio de la calle
un peine; llegóselo otro, tan calvo como él, y dijo:
«A la parte, a la parte.» Mostrando el primero su ha-
llazgo, añadió después. «Está visto, los dioses han que-
rido favorecernos; mas por nuestra mala ventura hemos
hallado, como se dice, carbones en lugar de un tesoro.»
Esta reflexión viene como de molde al que ve frus-
trarse una a una sus más caras esperanzas.
No todas las cosas sientan bien a todos.

VI-De un milano enfermo.
Hacía largo tiempo que un milano estaba enfermo,
y viéndose ya sin esperanzas de vida, rogó a su madre
que acudiese al pie de los altares, y cansase a las díví-
nídades con fervientes súplicas por el restablecimiento
de su salud. «Que me place, respondió la madre; pero
mucho me temo, sea todo infructuoso; porque si tú,
atropellando por la reverencia debida a lo sagrado,
profanaste los templos y llevaste la osadía hasta el
punto de no perdonar ni aún a los sacrificios de los
dioses, ¿cómo quieres que les pida clemencia en favor
tuyo?»
El loco por la pena es cuerdo.

VII - Las ranas contra el sol.

Con ocasión de ver cuan festejadas eran las bodas de un la-
drón, vecino suyo, refirió Esopo el siguiente cuento:
Quiso casarse el sol allá en tiempos antiguos; y tanto
se alborotaron las ranas al saber la noticia,
que hubo de preguntarles Júpiter el motivo
de tan inusitadas quejas. Adelantándose en aquel
punto la más osada de entre ellas, dijo:
«Al presente el sol es uno solo, y con todo eso, abrasa y
deseca nuestras lagunas, forzándonos a morir en estas
por todo extremo áridas moradas; pregunto: ¿qué nos
sucedería si llegare a tener hijos?»
De mal padre malos hijos.



Pep Cardona. Noviembre 1996. Palma de Mallorca.