6º RALLYE MONTE-CARLO HISTORIQUE 2003

La verdad es que no sé desde cuando tengo el sueño de participar en el Rallye de Monte Carlo. Desde que tengo uso de razón, nada me ha gustado más que los coches, y enseguida vi en los rallyes la máxima expresión del deporte del automovilismo.

Recuerdo que de niño alucinaba con el Renault 5 Copa Turbo, y cuando vi por primera vez por la tele a Carlos Sainz haciendo derrapes en un Tour de Corse, ya supe que quería ser de mayor, y me fui aficionando a los rallyes, a conocer los del mundial, y Monte-Carlo siempre me pareció el más legendario y mítico de todos, Burzet, St. Bonnet, y el Col del Turini... que os voy a contar.

Pasaron los años y como era de esperar, no pude ver cumplido mi sueño de vivir de las carreras, y como también era de esperar, no tuve la oportunidad de intentarlo, pero continuamente me repetía que no me moriría sin participar en al menos, algún rallye local.
Al mismo tiempo que crecía mi afición por el automovilismo, empecé a descubrir el mundo de los clásicos, tenía 16 años cuando me enteré de que el Renault 8 de mi abuelo iba a ir a un desguace, y me propuse evitarlo, y conservar el coche. Compraba libros y revistas de coches antiguos, y veía cada mes de marzo en el Motor Clásico el artículo del Monte-Carlo histórico, me pareció que eso era lo mío, pero ni yo mismo lo creía posible, imaginaros los de mi alrededor...

Hasta que en el año 2002 me propuse estar en la edición del 2003, con pocas esperanzas de que aquello pudiera salir adelante. Pero a todo lo largo de ese año, el proyecto iba saliendo adelante, encontré al compañero ideal de aventura, Felipe Núñez, excelente amigo y mejor piloto, sus 73 años de edad no le importaban ni a él ni a mi, y en noviembre nos encontramos con el premio, ¡estábamos seleccionados!

Con una emoción indescriptible, empezamos una nueva preparación contra-reloj, como si nos anticipáramos a todo lo que nos podía pasar allí, y por fin, el 1 de febrero, nuestro R8 brillaba en el parque cerrado del 6º Rallye Monte-Carlo Historique, en el incomparable marco de la Plaza de la Catedral de Barcelona, os podéis imaginar la emoción que sentimos en aquel momento...aunque alguno al vernos sin neumáticos de
clavos, y en un R8 de 950 cc de serie, nos aventuró "de los Pirineos no pasáis", nos dejó un pelín preocupados, pero aun así, nosotros estábamos muy ilusionados.

...¡Y que nervios! a poco antes de salir, ya de noche, todos los cochazos allí preparados y con el motor en marcha, y por fin nos llega la hora de subir la rampa, me paro en lo alto mientras nos colocan las banderas encima del capó, el del micro dice algo de que somos de Granada, y nos da la salida, bajo la rampa y la gente se agolpa alrededor del R8, nos aplauden "¡con dos cojones si señor!", "¡esto si que es un clásico!", "¡molt bé!". Vaya salida que nos dieron los barceloneses, estaban entusiasmados con el R8, luego mi novia y mi madre, que vinieron a ver la salida, nos comentaron que fuimos de los más aplaudidos, y os podéis imaginar la alegría que nos dio, y de repente se acabaron los nervios.

Nada mas salir de Barcelona tenemos que parar, la pegatina con el dorsal 123 se está despegando, la pegamos de nuevo y problema resuelto, entre esta parada y el trozo de autovía, nos han adelantado la mayoría de los coches que salían detrás nuestra, y al rato nos perdemos por primera vez, al salir del Túnel del Cadí, "es por aquí", al rato, "no era por allí”, “¿por donde vimos la señal aquella?".
En fin, por fin nos encontramos, y empezamos a ver la nieve sobre la carretera, en Bourg Madame, en Font Romeu, que sitios mas bonitos, pero nos perdemos otra vez, "que si es por esa cuesta", "que no que esa cuesta es para ir a esa granja", "ah pues es verdad, entonces será por allí, porque es la única opción que nos queda", "¡ah!, es verdad, vale pues tira por ahí”.
Y por fin llegamos al primer control, "¿habéis visto un Porsche 356 o un Escort por ahí?" "si vimos el Porsche en una gasolinera poniendo los clavos, pero del Escort nada", así que seguimos, y al rato el Porsche nos pasa como un tiro, intento seguirle para no perdernos pero no hay forma, vamos sin clavos, y hay que tener cuidadín, pensábamos que cuando bajáramos los pirineos ya habría menos nieve, pero si hubo algo que no faltó en este rallye fue nieve, ahora eso si, había muy pocas azafatas...

En fin, que en Carcasone estamos otra vez más perdidos que antes, yo creo que la gente nos miraba asombrados, no por nada, sino porque por donde íbamos no habría pasado ningún otro coche del rallye, y se quedaban alucinados viendo un R8 lleno de pegatinas a las tres de la mañana pasando por donde ellos estaban de marcha, imaginaros la escena. Tardamos en encontrar la carretera buena fácilmente hora y media, y por fin llegamos al siguiente control, Castres, el comisario estaba desesperado esperándonos, "ya me iba", dijo, "vais los últimos, sabes", pero como dije antes, a nosotros eso nos daba igual.

El siguiente paso era Mende, y eso ya fue más serio, llevaríamos unas cuatro horas de retraso, ya que en St. Afrique (no se me olvidará ese nombre) las pasamos canutas, tal cantidad de nieve que los bajos del R8 rozaban con la nieve, sumarle una densísima niebla y nevando, por un camino que parecía llevar al mismo infierno. Total, que estábamos perdidos en Millau y a punto de quedarnos sin gasolina, nos quedarían unos 150 Km. hasta Mende, así que llame al director de carrera, y en mi francés más patatero le dije que seguíamos en la lucha, y que llegaríamos a Mende en un par de horas si todo iba más o menos bien, el me dijo que el comisario se había ido ya de allí, a esto eran las siete de la mañana, así que decidimos que ya iba siendo hora de parar a tomar un café.
Lo cierto es que estábamos un poco tocados de moral, "vaya cura de humildad", pensábamos. Miramos bien los mapas, el director nos dijo que nos fuéramos directamente a Valence, y yo le dije que ni hablar, que iríamos a Vals les Bains, que es donde acaba la etapa de concentración, y que hariamos los tramos de Burzet, St. Bonnet Le Froid y demás, y luego, iríamos a Valence, cuando hubiéramos completado la etapa.

Y nos pusimos manos a la obra, llevamos el R8 a tope hasta Vals les Bains, y llegamos alrededor de las doce de la mañana, no esperaban sobre las 8:30, nos saltamos el control de Mende, total, allí no había nadie esperándonos, y recuperamos todo el tiempo posible que habíamos perdido. ¿La moral?, otra vez a tope. Hicimos los tres tramos de regularidad, y llegamos a Valence, después de más de 23 horas seguidas de R8, más contentos que unas pascuas, y en el puesto 280, ¡eso es lo que yo llamo un buen comienzo!

A la mañana siguiente la etapa Valence-Gap, nieve, nieve y más nieve, parajes impresionantes, y por fin en carrera de verdad, y digo esto, porque ya si veíamos coches delante y detrás nuestra, además le cogimos el truquillo a eso de llegar a los controles a tu hora, mejor dicho, a tu minuto, y lo conseguimos en cuatro de cinco, en el quinto fue porque un francés se tiró media hora para llenarle el tanque a su Fulvia, y nosotros detrás a ver si terminaba. Cuando llegamos a Gap ya de noche, fue una alegría muy grande también, ya habíamos hecho más de la mitad del rallye, el coche no tenía ningún problema, habíamos hecho bien los tramos, y sin perdernos, y encima, habíamos avanzado ¡55 puestos! en la clasificación.
En Gap nos recibieron con un vino caliente muy rico, y era espectacular ver todos los coches en el parque cerrado cubiertos por la nieve, que seguía sin parar de caer.

Al día siguiente, Gap-Monaco, tres tramos y ya controlando bien todo el tema, sólo pudimos avanzar dos puestos en la clasificación, pero nuestra meta seguía siendo terminar el rallye, aunque no negamos que también queríamos recuperar puestos, y a eso de las cuatro de la tarde llegamos a Mónaco, y eso es indescriptible, no os lo puedo
explicar, ¿os lo podéis imaginar? Nuestro R8 nos había llevado hasta Monte-Carlo sin dar la menor queja, la menor protesta, y estaba allí, anclado en el parque cerrado del puerto junto a los yates de la creme de la jet set. Hubo quien se sorprendió mucho de vernos por allí, "¿habéis llegado, sin asistencia, sin clavos...?" cuando le vi tan sorprendido, le dije de broma "es que llevábamos un foto de la Virgen de las Nieves de
Sierra Nevada en el salpicadero del R8", y bromeando también respondió "¡claro, así cualquiera, no te jode!"

La verdad es que la alegría y la emoción nos desbordaba, pero ahora había que terminar la faena, a las 22:30 de la noche teníamos que estar allí, para salir rumbo al Col del Turiní, solo eran 350 Km., pero había que hacerlos, prácticamente de nada hubiera servido todo lo anterior sino cruzábamos la meta.
Nos concentramos, nos montamos en el Súper R8 y tomamos la salida, Felipe al volante, aquello realmente imponía, y nada mas salir, nos equivocamos de cruce para llegar a La Turbie, y con nosotros nueve coches más, nos dimos cuenta del error tarde, y realmente volábamos por una carretera llena de horquillas primero cuesta arriba y luego cuesta abajo, el ritmo era fortísimo, un Volvo, un Jaguar, un Fulvia, dos BMW,
un Alfa, Mini Cooper, un par de Alpines y nuestro R8 en medio de todos ellos a toda caña para perder el mínimo tiempo posible, y no pudo ser, ocho minutos tarde en el primer control de la noche. Bueno, nuestra meta sigue siendo terminar.

Hacemos el tramo de regularidad, y aquí viene el siguiente tramo, Sospel-La Bollene, y en medio, la subida al Col del Turini, que os puedo decir de esto, fue tan rápido y tan intenso, que no lo recuerdo todo, la subida tenía muchas horquillas, creo que había un túnel de piedra, y cuando llegas a lo alto, y ves la gente aplaudiéndote en las cunetas, y lees el letrero "Col del Turini", sientes haber entrado en la historia, y sientes por un momento muy breve, que has cumplido lo que jamás imaginaste que ibas a hacer, acabas de hacer realidad uno de tus sueños, y no un sueño cualquiera, quizás es el
sueño de tu vida...
A partir de ahí unas cuestas abajo de toma pan y moja, muy peligrosa porque donde menos te lo esperabas aparecía una curva llena de nieve o hielo, otro tramo más de regularidad, y una carretera ancha, en línea recta y bajada suave que te devuelve en volandas a Monte-Carlo. Son las seis de la mañana, y ahora si, estamos allí en el puerto otra vez, hemos terminado el rallye, ¡lo hemos conseguido!, y hemos avanzado diez puestos más.

Pero lo cierto es que en ese momento estábamos destrozados, y locos por llegar al hotel y acostarnos, pero al llegar a nuestra habitación, sacamos un par de cervezas del mini-bar, el cansancio despareció por un par de horas, brindamos (pasando del champán), y charlamos sobre todo lo que nos había pasado en esos cinco inolvidables días, y ahora ya si, con una felicidad y una sonrisa que no nos cabía en la cara.

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Manuel Correa Herrera.
 
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Algunas fotografias me las ha mandado Manuel Correa, por lo que desconozco su origen. Otras son de http://www.vikingphoto.fr/mainpagef.htm. En http://www.vikingphoto.fr encontrarás multitud de fotografias del Rallye de Monte-Carlo Historique 2003 y 2004.