La cultura talayótica en el contexto de la prehistoria de Mallorca
   

En un momento avanzado del Neolítico, a principios del cuarto milenio antes de nuestra era, se produjo la llegada de los primeros grupos humanos a la Isla de Mallorca.

Así lo confirman las escasas referéncias disponibles hasta este momento (restos humanos, puntas de sílex, agujas de hueso...) localizadas en los yacimentos mallorquines de las cuevas de Muleta (Sóller) y Son Matge (Valldemossa). En realidad, poca cosa más se conoce de este primer período Arcaico de la prehistoria mallorquina.

Entorno al 2000 ANE se perfilan los inicios de una nueva etapa: La Cultura Pretalaiótica. Los yacimentos más característicos de este largo período se localizan en las cuevas naturales, que el hombre utilizó como lugares de habitación (aunque también tuvieron un carácter funerario), y en las cuevas artificiales excavadas en la roca. Éstas, muy abundantes, presentan una tipología muy diversa y su función era, esencialmente, funerária. Con posterioridad, entre el 1500 y el 1300 ANE, se edificaron las navetas, edificios de piedra de paredes gruesas, con planta en forma de herradura.

 

El hombre pretalaiótico seguramente vivía en comunidades pacíficas (es notable la ausencia casi total  de armas) dedicadas a la agricultura, la ganadería y la caza. Por lo que se refiere a los utensilios domésticos destaca, sobretodo, la cerámica decorada o lisa, de formas sencillas y dimensiones reducidas, pequeños objetos de piedra y hueso y utensilios diversos de cobre y bronce.

Alrededor de 1300 ANE se desarrollaron en Mallorca y en Menorca (posiblemente a causa de la llegada de otros pueblos procedentes del Mediterráneo oriental) nuevas construcciones que, junto con la aparición de un  nuevo sistema social y económico, abren la última y más rica etapa de la prehistória de las Islas Baleares: es el momento de la Cultura Talaiótica. El elemento más característico de este período es, sin lugar a duda, el talaiot, un tipo de edificación en forma de torre y con cámara central en el que se utiliza la técnica ciclópea (bloques de piedra encajados sin ningún tipo de mortero). La planta puede ser circular o cuadrangular, con un corredor de acceso abierto en uno de los muros. La cámara, de reducidas dimensiones, se cerraba por aproximación de hiladas o se cubría con grandes losas que descansaban sobre las paredes laterales y sobre una columna central; también es posible que se utilizara un sistema mixto de cubierta, de piedras y barro, sostenida por troncos. Algunos talaiots, sobre todo los de planta cuadrangular, constaban de dos plantas superpuestas o pisos diferentes.

 

Las discusiones sobre la función primária de los talaiots no han conseguido, aún, aclarar completamente la finalidad para la cual fueron construidos, aún cuando parece indudable su carácter, entre otros, de hábitat, de residéncia de la autoridad clánica del poblado.

Hacia el primer milenio ANE aparecieron las recintes fortificaciones a base de grandes bloques de piedra que envuelven los poblados. Generalmente, la muralla  fue construida aprovechando talaiots preexistentes (Capocorb Vell, en Llucmajor, o S’Illot, en Sant Llorenç des Cardassar) y, en otros casos, se trata de edificaciones de nueva planta como Ses Païsses, en Artà, o Es Rossells, en Felanitx). En definitiva, debe hacerse notar el paralelismo de las técnicas constructivas talaióticas con las que se desarrollaron en las islas mediterráneas de Córcega, Cerdeña o Malta.

Las excavaciones han proporcionado abundante cerámica, más grande que la pretalaiótica y de gran variedad tipológica, generalmente lisa. De otra parte, proliferan las armas de bronce (espadas, cuchillos, puntas de lanza...). Precisamente, la mayor cantidad de utillaje bélico, junto con la estructura defensiva de los poblados, sugiere una nueva organización social, distinta de la pretalayótica, más guerrera y fuertemente jerarquizada.

A partir del 800 ANE, surgieron nuevas edificaciones en el interior de los poblados (Habitaciones de Planta Rectangular, Sala  Hipóstila) y aparecen otras construcciones de carácter funerario, como la necrópolis al aire libre de Son Real.

También se introdujo el hierro (siglos VII-VI ANE) y aumentó significativamente el armamento ofensivo y la diversidad instrumental. Al mismo tiempo, la cerámica indígena tradicional tiende a imitar progresivamente las formas púnicas-ebusitanas y romanas.

En consecuencia, la influéncia de las civilizaciones mediterráneas produjo una lenta transformación de la cultura indígena, que tuvo su reflejo no solamente en el utillaje doméstico, sinó también en las  creencias espirituales, como ponen de relieve las manifestaciones icónicas del toro y del guerrero (estatuillas conocidas con el nombre de Mars Balearicus).